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	<title>Doctrina &#8211; Eben-ezer</title>
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	<title>Doctrina &#8211; Eben-ezer</title>
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		<title>LA IGLESIA EN UN DÍA DE RUINA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eben-ezer]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Mar 2022 03:36:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Doctrina]]></category>
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<h5></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La primera  epístola a Timoteo presenta la casa de Dios en orden conforme al pensamiento de Dios, la segunda epístola presenta la  casa  cuando esta ha sido arruinada  por el  fracaso del hombre, y  en su  ruina, es asemejada a <em>«una casa grande»</em> en la cual «no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles.» <em>(2ª Tim.2:20)</em>. El creyente  que una vez ha visto la verdad de la asamblea  como la casa de Dios  desplegada en las Escrituras, puede decir, «no veo nada  sobre la tierra que  responda a la verdad.» ¡Cuán y tristemente verdadero es  esto! En un día de ruina la verdad de la  casa de  Dios  solo puede  ser conocida  en una manera  abstracta, no habiendo  ninguna  expresión concreta de la verdad.  Todo lo que actualmente puede  verse  en la cristiandad, es <em>«una casa grande»</em> conteniendo  vasos para honor y deshonor. Esto levanta otras preguntas  en las mentes de los  creyentes que desean andar en obediencia a Dios: ¿da la palabra  de Dios algunas  direcciones  para el pueblo de Dios en días de ruina? ¿Hay luz en cuanto a cómo  y con quienes debemos andar en  un día cuando la cristiandad se  ha corrompido? Aunque grandes las dificultades  u oscuro el día,  no  es posible pensar que  Dios  deje a Su pueblo sin luz suficiente para su camino a través de este mundo.  A causa de la falta de  espiritualidad podemos fallar en discernir la luz; a  causa de falta de consagración podemos fracasar en andar de acuerdo a la luz, o por apatía podemos ser completamente indiferentes  a esto;  sin embargo  podemos estar seguros que  la palabra de Dios  provee  plena luz para  nuestro camino.</h5>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: justify;">Hay tres  hechos de primera  importancia para nuestras  almas, si deseamos  andar a  través de este mundo de acuerdo al pensamiento de Dios.</h5>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: justify;">Primero, tenemos que aprender que, aunque  grande como pueda ser nuestra  inteligencia natural, y cuan elevado  pueda ser nuestro conocimiento de las  Escrituras, y sinceros  los deseos de nuestra  alma, no podemos, si confiamos en  nuestros propios pensamientos, encontrar el  camino de Dios para Su pueblo en medio de la confusión de la cristiandad. No somos competentes  para encontrar nuestro camino a  causa de las  crecientes  dificultades del  camino, para hacer frente a la continua  oposición a la verdad, o para resolver las variadas preguntas que  constantemente se  producen.</h5>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: justify;">Pero, segundo,  habiendo descubierto nuestra completa incompetencia, seremos  grandemente auxiliados para aprender  que no somos dejados a encontrar nuestro propio camino lo mejor que podamos ya que  Dios nunca espera que tengamos  alguna  competente sabiduría en nosotros mismos para andar conforme a Su pensamiento.  El Señor podía decir, <em>«sin mi nada podéis hacer.»</em></h5>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: justify;">Tercero, es un muy gran día cuando descubrimos la rica provisión que  Dios ha hecho en vista a que podamos  ser inteligentes  en cuanto a Sus pensamientos. Primero, tenemos una Cabeza en el cielo, Cristo en gloria es la Cabeza del cuerpo, la iglesia, y toda  sabiduría está en la Cabeza, de manera  que aunque  no tenemos  sabiduría en nosotros mismos, tenemos la plena sabiduría de Cristo. Uno verdaderamente ha dicho, <em>«Cristo nos ha sido hecho sabiduría, es decir inteligencia. Solo Él puede guiar a los hombres  a través  de las perplejidades de este mundo de confusión moral, donde no hay camino.»</em> Entonces es de  primera importancia abandonar nuestras propias  cabezas y mirar a Cristo  como «Cabeza» para guiarnos. Si confiamos en nuestras propias  cabezas, no estamos <em>«aferrándonos a la Cabeza» (Col. 2:19)</em></h5>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: justify;">Segundo, el Espíritu, una persona divina, está sobre la tierra. El Señor sabía bien que  Su pueblo no sería capaz de sostenerse a si mismo en un mundo del cual Él está ausente; de esta manera, antes de  partir, Él podía decir, <em>«y Yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Consolador, que pueda  permanecer con vosotros para siempre; el Espíritu de  verdad»</em> <em>(Jn.14:16,17)</em>.La preservación y el mantenimiento de la verdad no de depende de los santos, sino de la permanencia del Espíritu de  verdad.</h5>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: justify;">Tercero, tenemos las  Santas  Escrituras dadas por inspiración de Dios y provechosas  para doctrina, reprensión, corrección, instrucción en justicia: para que el  hombre de Dios  pueda ser completo, completamente preparado para toda buena obra» <em>(2ª Tim. 3:16,17)</em>. Leemos que la<em> «casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente»</em> es  <em>«columna  y baluarte de la verdad;»</em> pero, cuando la casa de Dios ha venido a ser una ruina, y no tenemos más  la  verdad vivamente manifestada  en la iglesia, el hombre de Dios aun tiene la infalible autoridad de las  Escrituras por medio de las cuales probar todas las cosas. Ahora debe ser manifiesto que ninguna ruina en la cristiandad puede por un solo momento alterar a Cristo, o el Espíritu, o las  Escrituras. Cristo permanece como el Cabeza en el cielo, con infinitas reservas de  sabiduría para  Su pueblo, tanto en estos últimos  días como en los primeros  días del  cristianismo. El Espíritu Santo permanece en su poder para guiar y controlar. Las  Santas  Escrituras permanecen con absoluta autoridad.</h5>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: justify;">Aun  así la cristiandad en gran medida ha puesto a un lado a Cristo, al Espíritu y las  Escrituras. Los grandes sistemas religiosos de los hombres  realmente  han retenido el nombre de Cristo, pero lo han puesto a un lado como Cabeza en el cielo al señalar  cabezas  terrenales. Roma tiene su papa; la iglesia griega, su patriarca; las iglesias  protestantes, sus reyes, arzobispos,  presidentes, moderadores. Entonces en estos  grandes sistemas  hay poco dejado para el Espíritu. La maquinaria religiosa y los inventos carnales de los hombres  han dejado ampliamente fuera al Espíritu.  Y finalmente, los hombres  han hecho  el más mortal ataque sobre las  Escrituras, de modo que difícilmente  hay una secta en la cristiandad que  sostenga  con algún grado de  unanimidad que <em>«toda  escritura es  dada por inspiración de Dios.»</em></h5>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: justify;">Si, entonces, deseamos dar a Cristo Su lugar como Cabeza de la iglesia, reconocer y someternos al control del  Espíritu  e implícitamente  inclinarnos a las  Escrituras, ¿Qué hemos de hacer? La  Escritura responde muy claramente que debemos mantener  y actuar  sobre dos grandes principios. Primero, separación de todo lo que es contrario a la verdad de Dios, de  todo lo que es una negación de la verdad de la iglesia, de Cristo como Cabeza de Su iglesia,  del Espíritu Santo como nuestro todo suficiente guía,  y de las  Escrituras como nuestra absoluta autoridad. Entonces, después de separarnos del mal, la  Escritura insiste sobre otro principio igualmente importante, asociación  con todo lo que es conforme a Dios. En una palabra, debemos «dejar de  hacer el mal; y aprender a hacer el bien.»</h5>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: justify;">Primero, entonces,  tratemos de aprender  lo que las Escrituras tienen que decirnos en cuanto a la separación del mal. Todos admitirían, sin embargo que en la práctica podemos quedar cortos en cuanto a esto, que  separación de este mundo malo siempre ha sido una obligación sobre  el pueblo de  Dios, pero en un  día cuando el cristianismo ha venido a estar corrupto, tenemos instrucciones  especiales para una triple separación. Primero, separación de  cada sistema religioso que  por su constitución es una negación de la verdad de Cristo y la iglesia. La palabra en <em>Hebreos 13:13</em>, es muy clara, <em>«salgamos hacia Él fuera de campamento, llevando Su reproche.» </em> El campamento fue el sistema judío religioso originalmente establecido por  Dios y que apelaba  al hombre natural. En este  ninguna cuestión  de nuevo  nacimiento fue  levantada; todo dependía  del nacimiento natural. Este estaba compuesto de personas  exteriormente en relaciones con Dios, con un orden terrenal de  sacerdotes que estaban entre el pueblo y Dios.  Este  tenía un santuario terrenal y un ordenado ritual <em>(Heb. 9:1-10)</em>. Es solo demasiado manifiesto que los sistemas religiosos de la cristiandad han sido formados conforme al modelo del campamento.  Ellos  están compuestos en gran parte por hombres no convertidos; ellos,  también,  hacen un claro llamado al  hombre natural; y tienen también sus santuarios terrenales,  rituales, y  sacerdotes  humanamente ordenados que están entre el pueblo y Dios.  Pero al imitar el campamento, los cristianos, como hemos visto, han puesto a un lado  a  Cristo como  Cabeza, al Espíritu Santo como  guía, y las  Escrituras como  autoridad. Si, entonces, queremos  dar a  Cristo Su verdadero lugar debemos, en obediencia a la palabra, <em>«salir  hacia Él fuera de  campamento, llevando Su reproche.»</em></h5>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: justify;">Pero, segundo,  separación del orden de cosas del  campamento como se muestra en los sistemas religiosos no es suficiente. La Escritura también manda  separación de malas doctrinas. En <em>2ª Tim. 2:19</em>, leemos, <em>«apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.»</em>  Todo aquel que confiesa el  nombre del Señor  está, por profesión,  identificado con el Señor  y es responsable de apartarse de iniquidad. La iniquidad puede tomar muchas formas, pero los versos anteriores  muestran que malas doctrinas  están especialmente en vista.  No debemos enlazar la iniquidad con el nombre del Señor.</h5>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: justify;">Tercero, la misma  Escritura demanda separación de malas  personas. El <em>v.20</em> nos habla de  vasos de  honor y deshonor. Y en el verso siguiente manda a separarnos de los  vasos de  deshonor en vista a ser  santificados y ser adecuados  para el uso del Maestro. Aquí es claro que  personas  están en vista, no meramente doctrinas.  Verdaderamente se ha notado,» <em>es siempre en proporción a su separación de estos vasos, personas,  no solamente de sus doctrinas solamente,  que usted  es santificado y adecuado para el uso del Maestro&#8230;Pocos  tienen una idea  como uno sufre a causa de una sociedad impía. No es suficiente no sostener  sus doctrinas; pero la sociedad  contamina.  Usted será coloreado por la más baja compañía que mantenga. Cada esfuerzo ha sido probado en la cristiandad para  debilitar la fuerza de este pasaje; cada uno es grande en  proporción a su separación.»</em></h5>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: justify;">De este modo es claro que las Escrituras  mandan claramente la separación de los sistemas religiosos que  son una negación de la  verdad; de las falsas doctrinas;  y de los vasos para deshonor que  no practican la verdad.</h5>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: justify;">Esto, sin embargo,  no es  suficiente. Separación, aunque  necesaria,  es solo negativa; debe haber también lo que es positivo. Esto nos guía al segundo gran principio, asociación con el bien. Justo como la separación debe ser de las malas cosas como también de malas personas, del mismo modo, también,  la asociación debe ser  con las cosas que son justas y buenas como con personas que  son justas para con el Señor.  Debemos seguir  <em>«la justicia, fe, amor, paz, con aquellos que invocan al Señor con un corazón puro»</em> <em>(2 Tim. 2:22)</em>. La justicia necesariamente está primera.   Cual sea la profesión que un  hombre pueda  hacer, si no existe el mantenimiento de la justicia practica, no puede haber un andar conforme a Dios.  Pero la justicia no es suficiente: pero  justicia o mal no es  suficiente para determinar  el camino cristiano. El debe realmente hacer lo justo, pero tomar el camino del Señor requiere fe. Por tanto con justicia, debe seguirse  la fe. Pero la justicia y fe hacen lugar para el amor. Si el amor no es guardado por la justicia y la fe, este degeneraría en mera afección humana y será usada como argumento para el relajamiento y  pasar por alto el mal.  Entonces estas  tres cualidades  guían a <em>«la paz»</em>.  No una  paz  deshonrosa que  solo es compromiso con el mal, incredulidad y odio; sino una honrosa paz que es el resultado de la justicia, fe, y amor.  Pero si seguimos estas bellas cualidades, encontraremos a otros  que están haciendo lo mismo, aquellos que invocan el nombre del Señor con un corazón puro, y con tales debemos asociarnos.  El hecho que ellos  invocan al Señor con un corazón puro puede  claramente discernirse por sus vidas  prácticas, considerando que  puede verse que ellos se  han  «apartado de iniquidad;» limpiado a si mismos de los vasos de deshonor, y siguen  <em>«la justicia, fe, amor y paz.» </em> Es por tanto claro que el  camino de separación no es  un camino de  aislación. La  escritura muestra que siempre habrá con quienes podremos asociarnos.</h5>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo,  aquellos que, en medio de la corrupción de la cristiandad,  toman este camino de separación del mal y asociación con el bien, deberán enfrentar contra ellos<em> «cuestiones necias y sin sentido»</em> por parte de aquellos que se oponen a un camino que ellos no tienen fe para seguir. Para enfrentar a los tales  será necesario cultivar un  espíritu de <em>«mansedumbre», «paciencia», y «humildad.» </em> Solo llevando este carácter será posible evitar disputas  mientras se  trata de  instruir <em>(2 Tim. 2:23-26.)</em></h5>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: justify;">Debe tenerse  en cuenta que en estas  escrituras que nos presentan tan claras  instrucciones para el pueblo de Dios en un día de ruina, no se sugiere enseguida que salgamos de la  casa de Dios. Realmente, hacer esto es imposible sin salir de la cristiandad, lo que envolvería dejar completamente el mundo. Pero mientras no podemos  salir de la  casa, somos  responsables  de separarnos del mal en la casa.  Nuevamente, no se nos dice que  reconstruyamos algo.  No se nos dice que  reedifiquemos la  casa. No somos llamados a  formar  un modelo de  iglesia o comenzar algo nuevo.  Debemos simplemente andar en la luz de lo que era desde el comienzo y que aun existe bajo el ojo de Dios a pesar de todo el fracaso del  hombre en responsabilidad. Es decir,  que aun es nuestro privilegio andar  en la verdad de la iglesia,  en el reconocimiento  de Cristo como  Cabeza,  bajo el control y guía del Espíritu Santo, y de acuerdo a las  instrucciones de las  Escrituras.</h5>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: right;">           H.  <em style="text-align: right; font-size: 16px;">Smith</em></h5>
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		<title>Alimentando a las ovejas o entreteniendo a las cabras</title>
		<link>http://eben-ezer.us/alimentando-las-ovejas-entreteniendo-las-cabras/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Eben-ezer]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 26 Oct 2019 04:47:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Doctrina]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes]]></category>
		<category><![CDATA[Tratados]]></category>
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<p>&nbsp;</p>
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<h6 style="text-align: justify;">Hay un mal residiendo en el campo del Señor, tan grotesco en su desfachatez que hasta el más despistado no puede dejar de notarlo. Desde hace algunos años este mal se ha desatado a una velocidad anormal, y ha traído consigo oprobio tras oprobio; y su penetración ha sido como la de la levadura leudando toda la masa. Raras veces ha hecho el diablo algo tan sutil como convencer a la iglesia de que parte de su misión es proveer entretenimiento a la gente con el fin de ganarlos para Cristo.</h6>
<h6 style="text-align: justify;">Con esa filosofía la iglesia ha dejado de lado la predicación bíblica de los puritanos y ha ido progresivamente rebajando su testimonio hasta ponerse a coquetear con las frivolidades de la época excusándolas y tolerándolas hasta que finalmente ha terminado adoptándolas, alegando que lo hace para alcanzar a las masas.</h6>
<h6 style="text-align: justify;">Mi protesta contra esto es que entretener a la gente en la iglesia es algo de lo cual no se habla nada en las Escrituras. Si esto es parte de la obra de Dios ¿Por qué Cristo no habla nada de ello? Él dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” <em>(Marcos 16:15)</em> Esto es suficientemente claro. También habría sido claro si Él hubiese dicho: “…y provean  diversión a quienes no les guste el evangelio.” Pero en la Biblia no hallamos ni una sola palabra al respecto. El Señor no parece haber pensado en eso.</h6>
<h6 style="text-align: justify;">También leemos: “Y Él mismo constituyo a algunos apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros… para la obra de ministerio” <em>(Efesios 4:11-12)</em>. ¿Dónde están los que entretienen? El Espíritu Santo calla con respecto a ellos. ¿Por qué fueron perseguidos los profetas? ¿Por entretener a la gente o por negarse a hacerlo? Las orquestas no tienen listas de mártires.</h6>
<h6 style="text-align: justify;">Igualmente, proveer entretenimiento está en antagonismo directo con la enseñanza y vida de Cristo y Sus apóstoles. ¿Cuál fue la actitud de la iglesia hacia el mundo? El Señor dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra,” <em>(Mateo 5:13)</em>, no dijo que somos caramelos, algo que el mundo saborearía; Él dijo, “sois sal,”  y eso es algo que el mundo escupe, no lo tolera.</h6>
<h6 style="text-align: justify;">Si Cristo hubiera introducido elementos más entretenidos y placenteros en su misión, sin duda habría sido más popular, a causa de la naturaleza de Su enseñanza. Yo no leo que haya dicho: “Pedro, corre detrás de la gente y diles que mañana vamos a tener un culto diferente, va a ser corto y atractivo, con poca predicación, vamos a tener una noche muy divertida. Diles que van a disfrutar. Date prisa, Pedro, tenemos que llegar a la gente a como dé lugar.” Jesús se compadeció de los pecadores, suspirando y llorando por ellos, pero nunca buscó entretenerlos.</h6>
<h6 style="text-align: justify;">Seria en vano examinar las epístolas buscando algún indicio de entretenimiento evangélico. El mensaje es, “Venid, arrepentíos, limpiaos de vuestros pecados.” Cualquier cosa que parezca trivialidad es notable por su ausencia. Los apóstoles tenían una confianza ilimitada en el evangelio y no empleaban ninguna otra arma más que esa.</h6>
<h6 style="text-align: justify;">Después de que Pedro y Juan fueron apresados por predicar, la iglesia tuvo un culto de oración, pero ellos no oraron diciendo: “Señor, concede a tus siervos que con sabiduría y discernimiento hagamos uso de un entretenimiento sano para mostrarle a la gente cuán felices somos contigo.”</h6>
<h6 style="text-align: justify;">Sin embargo sí que vemos que no cesaban de predicar a Cristo y no tenían tiempo para estar organizando cultos entretenidos. Huyendo de la persecución, iban por todas partes predicando el evangelio. Fue de esa manera que trastornaron el mundo entero <em>(Hechos 17:6)</em>. ¡Esa es la diferencia! ¡Señor, libra a tu iglesia de toda la podredumbre y la basura que el diablo le ha arrojado y trae a tu iglesia de vuelta a los métodos apostólicos!</h6>
<h6 style="text-align: justify;">Finalmente, el método del entretenimiento falla en alcanzar el fin deseado. Lo que produce es confusión, especialmente entre los recién convertidos. ¡Qué hablen y testifiquen los negligentes y escarnecedores, que agradecen a Dios porque la iglesia los salió a encontrar a medio camino! ¡Qué no guarden silencio los cargados que encontraron paz a través del concierto! ¡Qué se levanten los que siguen emborrachándose pero que testifican que las obras teatrales fueron el eslabón de Dios en la cadena de conversión! No hay respuesta. La misión del entretenimiento no produce conversiones. La necesidad del momento para el ministerio es una fe llena de conocimiento unida a una intensa espiritualidad, brotando la una de la otra como el fruto brota de la raíz. Lo que necesitamos es la doctrina bíblica entendida y aplicada, de tal manera que encienda en los hombres en fuego.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: right;"><em>de Charles Haddon Spurgeon</em></h5>
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<h5 style="text-align: right;"><a href="http://eben-ezer.us/wp-content/uploads/2017/03/Alimentando-a-las-ovejas-o-entreteniendo-a-las-cabras.pdf?x43915" target="_blank"><em>Descargar en  PDF para imprimir  «Alimentando a las ovejas»</em></a></h5>
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		<title>Corramos con paciencia</title>
		<link>http://eben-ezer.us/corramos-con-paciencia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Eben-ezer]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Aug 2018 19:23:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Doctrina]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>compartir &#160; &#160; Si alguno piensa que la vida cristiana es un paseo, que lea y escuche lo que Dios dice. Una victoria del diablo consistió en transformar la vida cristiana —al menos en algunos países— en un andar próspero, donde no se encuentra el oprobio. Muchos pensaron que eso significaba una victoria de la fe; pero, muy por el [&#8230;]</p>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong>Si alguno piensa que la vida cristiana es un paseo, que lea y escuche lo que Dios dice. Una victoria del diablo consistió en transformar la vida cristiana —al menos en algunos países— en un andar próspero, donde no se encuentra el oprobio.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Muchos pensaron que eso significaba una victoria de la fe; pero, muy por el contrario, se trata del fracaso de la fe. El hecho de que en la cristiandad las cosas hayan tomado ese rumbo nos habla de la victoria del diablo y del mundo. Pues bien, el capítulo que citamos nos señala que el camino de la fe es un camino de prueba para la fe.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>        Las luchas y los ejercicios de los que leemos al comienzo del pasaje citado, a diferencia de los que preceden, tienen lugar en el territorio de Israel. Hasta el v. 31, hemos considerado los ejercicios de Abraham, de Moisés, los que tuvieron lugar a la salida de Egipto y en el paso del mar Rojo.</strong></h6>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong>De hecho, nosotros leemos estas cosas sentados muy tranquilamente en nuestras casas, y las consideramos como muy bellas historias, en el mejor sentido de la palabra. Pero si hubiéramos estado en el lugar de un israelita durante la noche de la Pascua, quizá habríamos temblado en gran manera al pensar en el destructor que pasaba, y nos habríamos preguntado: «<em>¿Y si entrara en mi casa?»</em></strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Cuando se trataba de pasar el mar Rojo, perseguidos por los egipcios armados hasta los dientes&#8230;, si hubiéramos estado con los israelitas&#8230;, quizá habríamos dicho: <em>«¿Y si las aguas se vuelven y nos cubren?»</em> Nosotros leemos esto con toda calma; pero cuando es necesario vivir el asunto y cuando atravesamos <em>«un mar Rojo»</em> cualquiera, cualquier dificultad, comprendemos en alguna medida lo que los hombres de fe enfrentaron en tales momentos. Por eso Dios nos hace atravesar de muchas maneras <em>«mares Rojos»</em>, a fin de que aprendamos a conocernos y para que podamos decir: «<em>He aquí una dificultad que me ha hecho conocer mejor a Dios</em>.»</strong></h6>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong>De modo que no se encuentra una vida de fe que no sea una vida de prueba de la fe&#8230; no necesariamente de pruebas exteriores, pues un hombre puede caminar viviendo una vida exterior aparentemente sin tropiezos y su vida puede muy bien ser una vida de fe, la de un creyente que durante cincuenta años, de la mañana a la noche, camina con Dios, diciendo: <em>«Señor, ayúdame para esto o aquello, para este trabajo que debo hacer&#8230;»</em></strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Pero, queridos amigos, ¿quién de nosotros hace esto de manera continua? Esto mantiene a algunos muy oprimidos; es tan difícil como tener que atravesar un mar Rojo; es como si le dijeran a Dios: <em>«Yo no puedo prescindir de ti, es preciso que estés conmigo en todas partes.»</em></strong></h6>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong>No podemos juzgar el valor de una vida cristiana por las circunstancias exteriores. La vida de Abraham fue mucho más escasa en incidentes que la de otros; sin embargo, ella fue muy rica interiormente. En cambio, la vida de Moisés fue abundante en incidentes, porque su posición era muy diferente. Moisés tenía una posición en la que, inevitablemente, tenía que enfrentar dificultades exteriores a causa de caminar con Dios.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Los nombres que leemos a partir del versículo 32 son: Gedeón, Sansón, David, Samuel&#8230;. La mención de ellos nos habla de las dificultades enfrentadas en la tierra prometida y entre el pueblo de Dios.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Quizá pensemos que Dios podría haber obviado este párrafo que da por sobrentendida la triste condición en que se hallaba el pueblo, y que podría haber mostrado solamente la fe gloriosa obteniendo victorias sobre los enemigos exteriores y apoderándose de la tierra prometida.</strong></h6>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong>No, en absoluto; Dios recuerda que en dicha tierra también hubo actos de fe. Si el pueblo hubiera marchado bien, no habrían sido necesarios un Gedeón ni un Sansón; estos hombres no hubieran sido útiles. Pero el solo hecho de la presencia de ellos es la demostración de que la condición en que estaba el pueblo exigía hombres que condenaran tal condición. Pues bien, fue necesaria la fe, ¡y siempre es necesaria! Ser cristiano es difícil; hoy en día, si se quiere seguir al Señor es quizá más difícil que al principio.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>La fe cuenta con Dios; allí donde no hay fe se mira aquí y allá para encontrar apoyos. Pero la fe cuenta con Dios; entonces las dificultades pasan a ser un asunto de Dios y no nuestro. Lo esencial para cada uno es ser aplicado para tener una buena conciencia, para vivir realmente en la presencia de Dios y apoyarse en Él.</strong></h6>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong>La fe pone a Dios en lugar del «yo»; ella introduce a Dios en todo. Si tuviéramos fe&#8230; como un grano de mostaza, nada nos inquietaría. La fe sufre mucho más que la incredulidad; pero, con todo, goza de mucha más dicha y de consolación, y tiene a Dios de su lado. He aquí lo que expresa el último párrafo del pasaje que consideramos.</strong></h6>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong>David anduvo errante de cueva en cueva, como una perdiz por los montes. Esa fue la parte más gloriosa de su vida, durante la cual Saúl lo persiguió. Aparentemente, nada le brindaba seguridad y no tenía descanso; pensaba detenerse en un lugar y le era preciso huir a otro.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Pero él contaba con Dios. Bello ejemplo para nosotros que, a menudo, tenemos mucha dificultad para contar con Dios. ¡Oh, yo puedo contar con esto o con aquello!; y luego Dios nos enseña que necesitamos contar solamente con él. Por lo demás, para morir no tendremos a nadie sino a Dios.</strong></h6>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong>Aquellos que en ese período difícil recibieron testimonio <em>“de haber agradado a Dios”</em>, son los que anduvieron por la fe, <em>“de los cuales el mundo no era digno”.</em> Acerca de los que andan por la fe, siempre ha sido cierto que el mundo no es digno de los tales y que Dios tiene su contentamiento en ellos.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Si hemos pasado un día sin vivir por la fe, habrá sido un día perdido. Quizás hayamos hecho muchas cosas, incluso en el nombre del Señor; sin embargo, será un día perdido del cual tendremos que rendir cuenta a Dios. Pero si lo hemos vivido por la fe, ocupados tal vez en el mismo servicio o quizás en lo secreto, en la lectura de la Palabra, la oración, la meditación, o aun realizando nuestro trabajo normal, ¡he aquí un día ganado!</strong></h6>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong>El último párrafo del capítulo 11 (vv. 32 a 38) brinda mucha consolación y es muy alentador. El versículo 39, que se aplica a todos los hombres de fe del capítulo 11, no dice que ellos dieron testimonio, sino que alcanzaron (o recibieron) testimonio. Porque Dios honra la fe.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Así, Abel recibió testimonio de que era justo y Enoc tuvo (recibió) testimonio de haber agradado a Dios. Tarde o temprano, hay un momento en que la fe recibe su testimonio; a veces ya en la tierra. No obstante, de uno u otro modo, la fe jamás pierde nada. Según las apariencias, ella puede perder todo; pero, en realidad, no pierde nada. Recibirá testimonio de parte de Aquel que no dejará de darlo.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Detrás y delante de nosotros tenemos una gran nube de testigos. El versículo 1 del capítulo 12 nos recuerda que si alguno, aquí o en otra parte de este mundo, sufre por confesar el nombre de Cristo, la verdad de Cristo, no debe sorprenderse, pues antes que él han habido otros que sufrieron por la misma razón.</strong></h6>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong><em>“Despojémonos de todo el peso y del pecado que nos asedia”</em> He aquí dos cosas que detienen la carrera cristiana. Un peso puede estar constituido por una prueba personal o familiar, que impide que el alma se apoye en Dios.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Se puede ver esto en la expresión: <em>“Mi alma rehusaba consuelo”</em> (Salmo 77). Ciertas personas prefieren permanecer solas con su dolor, a veces durante toda su vida.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>        Éste no es un buen estado espiritual; se nos dice que nos despojemos de ese peso. Es necesario ayudar a tal alma para que se despoje de tal peso, para que ponga a Dios entre ella y su peso. “<em>Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará</em>” <em>(Salmo 55:22).</em></strong></h6>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong>Y Pedro también nos dice: <em>“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1.ª Pedro 5:7)</em>. Echando&#8230;, es preciso despojarse de ese peso como de un objeto del cual necesitamos deshacernos, arrojándolo lejos de nosotros.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Tal vez haya alguien que está cargando un peso secreto. El tal corre el riesgo de no progresar espiritualmente si se alimenta de su propio dolor. Dios conoce ese dolor y, en esas aguas amargas —las aguas de Mara— él echa un árbol misterioso; entonces las mismas aguas amargas inmediatamente se endulzan <em>(véase Éxodo 15:23-25)</em>.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Cuando cargamos un peso por el cual nuestro corazón corre el riesgo de sentirse aplastado, abrumado, cuando la muerte, de una u otra manera, hace que nuestra alma sienta su sabor amargo, ¿qué es lo que Dios nos presenta? Pues a Cristo, la cruz de Cristo. Es lo que transforma el agua amarga en agua dulce.</strong></h6>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong>Entonces, cuando esto se lleva a cabo, se comprueba que un creyente que pasa por una prueba progresa espiritualmente ¡y mucho más que lo que había progresado en veinticinco años! Por eso, muy a menudo, la prueba es la puerta abierta para que Dios mismo entre en el alma.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Queridos hermanos, ¡en este mundo hay muchas pruebas! Cuando nos contactamos con personas que pasan por una prueba, es necesario pedirle a Dios que, según su voluntad, nos utilice como siervos para estar junto a ellas y anunciarles que Él quiere entrar en sus corazones. Entonces Dios endulzará el agua amarga.</strong></h6>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong>Quizás haya alguien que siente un dolor del cual no desea hablar a nadie: una prueba, una contrariedad. O tal vez alguien que pasa por duelo, el cual ha abierto una brecha humanamente irreparable. Pues bien, ¡ojalá que, para los tales, podamos ser mensajeros por quienes Dios se introduzca entre el corazón y la prueba, y levante el peso que está cargando! El alma continuará llorando, pero esas lágrimas ya no serán las mismas, pues Dios las pone en su <em>“redoma”</em> <em>(Salmo 56:8).</em></strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>La expresión: <em>“rechazar” o “despojarse del pecado”</em> es más fácil de comprender&#8230; ¡rechazar ese pecado que nos rodea tan fácilmente! El pecado obstaculiza el camino del creyente; ya no puede caminar más, y cae. ¿A qué le llama pecado la palabra de Dios? Vale la pena formularnos la pregunta. Si le preguntáramos eso a cincuenta personas, obtendríamos cincuenta apreciaciones diferentes.</strong></h6>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong>Pero, ¿qué es aquello a lo cual Dios llama pecado? Con toda seguridad, lo importante, lo que vale es lo que Dios nos dice. Pecado es todo lo que no procede de la actividad de la vida divina en el creyente. Todo lo que no es la voluntad de Dios cumplida en el creyente es pecado. Esto llega muy lejos, se dirige a todas partes y toca todos los aspectos de nuestra vida.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Algunos quieren hacer del pecado simplemente una trasgresión de ciertos mandamientos; pero para Dios es toda actividad que no procede de la vida divina en nosotros. Y si alguno no es un verdadero creyente, todo lo que él hace es pecado, aunque fuera un hombre de conducta irreprensible ante los ojos de sus semejantes.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>De manera que, en el creyente, la ausencia de pecado está ligada a la obediencia a la voluntad de Dios. Se trata de obedecer, de depender de Dios; de otro modo, es mejor no obrar. Incluso el servicio —¡y cuántas veces se ha visto!— puede contribuir al endurecimiento de un creyente.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Por lo tanto, ¡que nos sea concedida la capacidad de rechazar el pecado que nos asedia con tanta facilidad! ¡Que Dios nos ayude a mantenernos cerca de él, para que el sentimiento de lo pernicioso que es desobedecerle se mantenga siempre vivo en nosotros! La medida del bien y del mal se conoce sólo ante la presencia de Dios, y delante de él no preguntaremos: <em>«¿Qué bien o qué mal hay en tal cosa?»,</em> pregunta que revela un estado espiritual malo.</strong></h6>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong><em>“Corramos con paciencia”,</em> he aquí una expresión que necesitamos recordar. Correr con paciencia es difícil, y es quizás el más bello testimonio que nos han dejado aquellos que la Palabra llama nuestros <em>“pastores”,</em> literalmente <em>“guías”</em> (Hebreos 13:7). Haber caminado bien durante 50, 60 o 70 años constituye, sin dudas, un testimonio mucho más grande que lo que han dicho, escrito y hecho esos hombres de Dios.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>“Corramos con paciencia&#8230; puestos los ojos en Jesús” Este versículo es muy fácil de recitar y, a menudo, lo repetimos con ligereza. Pero, ¿qué significa en la práctica?</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Se refiere al estado espiritual del corazón. No consiste simplemente en pensar en Jesús. No se trata de un pensamiento de nuestra mente, ni tampoco de una palabra pronunciada con nuestros labios.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Fijar los ojos en Jesús significa estar en comunión con nuestro Señor Jesucristo, mediante el Espíritu Santo obrando en nosotros con fuerza; significa tener el corazón lleno de Cristo, lleno de la Palabra de Dios. Entonces Jesús, quien se encuentra sentado a la diestra de Dios, Jesús en su vida, Jesús en su muerte, Jesús en su gloria ocupa y alimenta el alma por la virtud de la Palabra y del Espíritu. Es el pan que da Dios, y el alma come de dicho pan.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Mientras estamos en este mundo, el Señor nos lava los pies (cf. Juan 13), para que tengamos comunión con él en la gloria donde él está. Que Él nos guarde de engañarnos a nosotros mismos utilizando fórmulas a menudo repetidas con ligereza. Pero recordemos que fijar los ojos en Jesús es un estado espiritual del alma, y no lo podremos hacer realmente si no nos despojamos de todo peso y del pecado que nos asedia con tanta facilidad.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong><em>“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”</em>, no dice: de nuestra fe. La vida de Jesús fue una vida de fe en su totalidad; su andar por fe finalizó, y sólo Él terminó su caminar, porque sólo Él está en la gloria. Después de su muerte, se verificó su resurrección y su ascensión; Él está en la gloria. Y ese es el punto final de la carrera cristiana.</strong></h6>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong>En cuanto al punto de partida, a menudo se habla con mucha menor disposición. El punto de partida de la vida cristiana se halla en la cruz. Toda la vida cristiana llena este espacio, este intervalo entre la cruz y la gloria. Y, para que no nos engañemos a nosotros mismos sobre este punto, el Señor nos dice que si la cruz es nuestro punto de partida, también tenemos que llevar la cruz cada día. No se trata simplemente de hablar de la gloria cada día, sino de hablar de la cruz cada día.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Jesús es el autor, el consumador, es decir, que en él todo lo que abarca la vida de fe fue llevado a cabo plenamente. Para alentarnos, el Espíritu desarrolla algunos pensamientos sobre este tema. El Señor, en su paciente carrera por la fe, tenía el gozo puesto delante de él: “<em>En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre”</em>, proclamó el salmista <em>(Salmo 16:11)</em>.</strong></h6>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong>Pues bien, para nosotros también: el gozo está delante de nosotros, el gozo en la gloria. Por el momento, tenemos gozo en medio de las penas, las lágrimas, el trabajo y en toda clase de sufrimientos; más tarde tendremos el mismo gozo, pero en la gloria y el reposo.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Nuestro Señor sufrió la cruz; nosotros no tenemos idea de lo que fue la cruz; él no nos ha dejado nada de la amargura de la cruz. Él tomó todo esto sobre sí: el sufrimiento para hacer la expiación, la copa amarga que bebió en la cruz fue su parte exclusiva. El Señor no nos ha dejado absolutamente nada de ello; de lo contrario, estaríamos perdidos.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Pero aún hay otra cosa que Él nos concede y en la cual quizá no siempre nos agrada detenernos: no padecemos ningún sufrimiento expiatorio, pero sí padecemos sufrimientos por la justicia y por el nombre de Cristo. Él nos dejó estos dos tipos de sufrimientos y estamos llamados a conocer lo que son los padecimientos por la justicia práctica: vivir justamente en un mundo que es injusto y que soporta muy mal a las personas cristianas que quieren vivir justamente. <em>“Todos lo que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución”</em> <em>(2.ª Timoteo 3:12)</em>&#8230; Y esto se verifica de muchas maneras.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong><em>“Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio.”</em> Contemplemos a Jesús en la cruz; ¡qué escena! No vemos ninguna grandeza humana, ningún heroísmo en la cruz, únicamente oprobio, humillación, despojamiento; pero una gloria moral como no es desplegada ni por la misma gloria del cielo.</strong></h6>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong>El Señor menospreció el oprobio; trató a éste con desprecio. Él, quien era Dios, trató el oprobio con desprecio y nosotros no le hemos escatimado el oprobio. ¡Basta pensar que escupieron en el rostro del Señor! Y después, en el curso del testimonio, se ha hecho otro tanto con los discípulos del Señor antes de darles muerte, de hacerlos subir a la hoguera, y se los insultó como insultaron a Jesús. El Señor manifestará delante de todos que tal oprobio corresponde a una corona de gloria para aquellos que fueron fieles hasta la muerte; ellos habrán experimentado mucho mejor que nosotros lo que abarca la expresión: <em>“El discípulo no es superior a su maestro”</em> <em>(Lucas 6:40).</em></strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Cristo está sentado a la diestra del trono de Dios. El trono representa siempre la autoridad; incluso en la expresión <em>“el trono de la gracia”</em> hay una idea de autoridad. Considerar; esto quiere decir: mirar cuidadosamente, de muy cerca. <em>“Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo.”</em></strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>El Salmo 16 dice. <em>“Porque está a mi diestra, no seré conmovido” (v. 8)</em>; Cristo es quien dice esto. Queridos amigos, si nosotros experimentáramos siempre lo que es tener a Dios a nuestra derecha, no temeríamos nada. No tendríamos ningún otro temor que aquel que se desarrolla en el alma del creyente en la medida en que viva cerca de Dios, el único temor que Dios aprueba en el cristiano, el de no hacer lo que a Él le agrada.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>¡Que Dios bendiga su Palabra y llene nuestro corazón de Jesús, a quien ella revela!</strong></h6>
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<h4 style="text-align: justify;"><strong><em>CORRER LIVIANOS</em></strong></h4>
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<h4 style="text-align: justify;"><strong><em>Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante</em><em>.</em><em>      </em><em>Hebreos 12:1</em></strong></h4>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong>La analogía que está usando el autor de Hebreos para ayudarnos a entender las dinámicas de la vida cristiana, es la de una maratón, una carrera excesivamente larga que tiene una distancia de unos 42 km. Deja varias recomendaciones acerca de cuál es la forma en que mejor se puede correr esta carrera. En este pasaje queremos concentramos en la exhortación a despojamos <em>«de todo peso».</em></strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>Si usted tuviera la oportunidad de correr en una maratón, o de ver la filmación de una carrera, podría comprobar que los corredores profesionales corren con un mínimo de peso. Su ropa es de material ultraliviano. Su calzado ha sido especialmente diseñado para esta prueba, y pesa apenas 250 gramos. Algunos corredores hasta corren descalzos, para evitar el peso del calzado. Pocos atletas profesionales cargan con algún elemento adicional durante la carrera. La razón para una actitud tan radical en cuanto al equipamiento es clara: si usted va a correr una distancia tan larga, no va a querer cargar con más que lo absolutamente esencial para llegar a la meta. Todo peso adicional se volverá como piedra a medida que avanzan los kilómetros. En la antigua Grecia, los corredores corrían desnudos.</strong></h6>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong>Cuando Cristo le dio instrucciones a los discípulos, antes de enviarles a predicar de dos en dos, también les exhortó a que viajen livianos: <em>«No llevéis oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bordón, porque el obrero es digno de su alimento»</em> <em>(Mt 10.9-10)</em>. Los desanimó a la tendencia natural del hombre de asegurarse, con la acumulación de cosas, su bienestar personal. En su lugar, les dijo que debían llevar poco para el viaje y confiar en que e buen Padre celestial proveería en el camino todo lo necesario para sustentados.</strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>En nuestro versículo, el autor usa la misma palabra para <em>«peso»</em> que se emplea para la mujer embarazada. La mujer, cuando ya ha entrado en un estado avanzado de embarazo, se mueve con lentitud e incomodidad. El tamaño de su vientre impide que sea ágil o rápida. La ilustración es excelente para entender a qué se refiere cuando nos exhorta a <em>«despojamos de todo peso»</em>. Nos está animando a desechar todo bagaje adicional, todas aquellas cosas que estorban y entorpecen nuestro andar en Cristo. Hay muchas cosas que nos son lícitas, pero que también agregan complicaciones a nuestra vida.</strong></h6>
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<h6 style="text-align: justify;"><strong>El creyente sabio sabe distinguir entre las cosas que son realmente necesarias para su vida y servicio al Señor, y las cosas que son interesantes pero que, eventualmente, serán un estorbo para la tarea por delante. Tendrá que usar disciplina para escoger lo bueno, y darle la espalda a cosas que otros consideran indispensables. Con el ojo puesto siempre en la meta, será disciplinado en mantenerse libre de todo lo que lo atrape innecesariamente.</strong></h6>
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<h4 style="text-align: justify;"><strong><em>El desafío aquí </em>no <em>está </em>en <em>escoger entre lo bueno y lo malo, sino entre lo necesario y </em><em>l</em><em>o innecesario. Algo bueno, puede ser innecesario para el cumplimiento de nuestra vocación, tomándose un peso extra que </em>nos <em>estorbará </em>en <em>la carrera.</em></strong></h4>
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		<title>A enfrentarnos con la realidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eben-ezer]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Jun 2018 17:13:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Doctrina]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>compartir &#160; &#160; &#160; “Cuando vemos la barba del vecino ardiendo, pongamos la nuestra en remojo.” &#160; &#160;   Espiritualmente hablando, estamos en una condición alarmante. Ver la situación de muchas de las asambleas y otras iglesias “evangélicas” es como escuchar malas noticias, y se va deteriorando. &#160;           Han surgido casos escandalosos de inmoralidad, aun de ancianos de iglesias [&#8230;]</p>
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<h4 style="text-align: center;"><em>“Cuando vemos la barba del vecino ardiendo, pongamos la nuestra en remojo.”</em></h4>
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<h6 style="text-align: justify;">  Espiritualmente hablando, estamos en una condición alarmante. Ver la situación de muchas de las asambleas y otras iglesias <strong><em>“evangélicas”</em> </strong>es como escuchar malas noticias, y se va deteriorando.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">          Han surgido casos escandalosos de inmoralidad, aun de ancianos de iglesias y obreros dirigentes de obras evangélicas. Por supuesto, este tipo de noticias nunca sale en nuestras revistas de edificación para los cristianos. Lo que se publica tiene que ser positivo, de luz y bendición. En lugar de lamentar el pecado y aplicar la disciplina bíblica, tales pecados han sido encubiertos para no dañar la reputación de algunos y dejarles seguir en su ministerio.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">          Hemos estado<strong> envanecidos</strong>. No hemos lamentado ante el descubrimiento de tales pecados. <em>“¿No debierais más bien haberos lamentado?</em>” <em>1 Corintios 5.2.</em></h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">          Hay una falta abismal en cuanto a la enseñanza y práctica de la<strong> disciplina</strong>, la cual el Señor ha dado para la santidad de la iglesia. Casi todo es consentido bajo el lema de que no se puede dirigir la vida de la gente, o no debemos ser dictadores. ¡Vaya! ¿Y qué ha pasado con ser apostólicos y bíblicos? Y en los casos en las que hay disciplina —para vergüenza nuestra hay que decir esto— otras iglesias locales con impunidad aceptan a los que han sido disciplinados. En vez de respetar y apoyar la asamblea, y demandar que los que han salido sean reconciliados con sus hermanos antes de ser recibidos en otro sitio, hacen caso a los que han sido disciplinados, como si hubiesen sido maltratados.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">          ¿Será posible? Es que hay gran arrogancia y menosprecio para lo que es el ejercicio de disciplina de parte de una asamblea. Circula la idea perversa que recibir a los que están bajo disciplina es ayudarles o tener misericordia. Así abonamos la independencia y rebelión que el hombre lleva en sí por naturaleza. <em>“Anduvisteis … siguiendo la corriente de este mundo … haciendo la voluntad de la carne”,</em> <em>Efesios 2.2.3.</em></h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">          Por otra parte, nos hemos vuelto <strong>materialistas</strong> casi cien por cien: comprando, haciéndonos edificios y acumulando posesiones como si nuestro futuro estuviera aquí en lugar de en el cielo. Tomando la piedad como fuente de ganancia, nos hacemos adoradores del dinero. Huyendo de la idolatría católico romana, hemos caído en la evangélica, cual es la avaricia.<em> “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: … avaricia, que es idolatría”</em>, <em>Colosenses 3.5.</em></h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">          Tenemos orgullo del número de empresarios o profesionales exitosos en nuestras asambleas, en lugar de tener un número así de hombres de Dios. El dinero ha llegado a ser nuestro amo. Hemos hecho más caso a las demandas del mundo de los negocios que a las demandas de Cristo. La empresa, u otra actividad similar, puede contar con nosotros cuando nuestra asamblea no puede. Nuestra condenación se encuentra en las palabras de <em>Samuel Johnson,</em> de la Inglaterra de antaño: <em>“La codicia del oro es algo sin sentimientos y sin remordimiento, y es la última corrupción del hombre degenerado”</em>.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">          Buscamos renombre, respeto, aceptación, reconocimiento, admiración e importancia a los ojos de los demás; aun a los ojos de mundanos. Sacrificamos todo para empleos prestigiosos, viviendas prestigiosas y vehículos prestigiosos. (<em>“¡Él tiene el coche del año!”)</em> Y como si todo esto no fuera bastante, anhelamos carreras prestigiosas para nuestros hijos, e invertimos todo en su preparación para tener éxito en el mundo.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">          La verdad es que en nuestro antojo loco de verles exitosos y acomodados en el mundo, los hacemos pasar por el fuego en esta vida y sufrir las penas del infierno en la vida venidera.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">          Con demasiada frecuencia guardamos una fachada evangélica de apariencia de piedad y respetabilidad, pero detrás de ella no hay poder espiritual. No estamos ajenos de los sobornos, tratos y acuerdos <em>“bajo mano”</em>, deshonestidad en cuanto a los impuestos del gobierno y tasas para servicios públicos. Nos entregamos a prácticas ilegales en nuestra condición de patronos (aun del servicio doméstico) y a otras de las innumerables formas de incumplir las leyes y desobedecer el mandato de <em>1 Pedro 2.13,14: “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya sea a los gobernadores, como por él enviados …”</em> En nuestras vidas personales hay frialdad espiritual, dejadez de tiempo devocional y de la lectura de la Biblia. Hay amargura, contención, lujuria, liviandad, chismes, críticas, murmuraciones e impureza. Estamos viviendo una mentira.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">          Muchos de nuestros hijos se han ido de la congregación, aunque en un tiempo asistían a las reuniones y los llevábamos a los campamentos; habíamos oído de su oración de <em>“conversión”</em> y los bautizamos. Se han involucrado en el materialismo, drogadicción, alcoholismo, placeres, perversión sexual y pasotismo. Como ingenuos decimos que “se han apartado del Señor”, porque no nos gusta llamarles lo que son. “Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan”, <em>Tito 1.16.</em></h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">          ¿Por qué ocurre esto? Porque ahora recogemos el fruto de nuestra <strong>permisividad</strong> y de cómo los criábamos, chupándoles el dedo, consintiéndoles su voluntad, dejándoles alimentarse de la televisión y de lo que ella enseña: la mundanalidad. Pero, ¿estamos quebrantados ante el Señor, o seguimos resistiendo y negando que la culpa sea nuestra?</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">          Aceptamos y nos alimentamos sin vergüenza de la caja tonta: el televisor, o <em>“tubo bobo”</em>, con su ojo que nunca parpadea. En el principio no fue recibido entre el pueblo de Dios, pero ahora encuentras el ídolo en casas evangélicas y los cristianos rindiéndole culto. Concursos, películas, deportes, dibujos … amamos los deleites más que a Dios. Permitimos que nos pongan en el mismo molde mundano de la moda, las diversiones y los ideales del mundo.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">          El pecado de la falta de oración se ve entre nosotros con demasiada facilidad. Hay asambleas que ni siquiera se reúnen para orar. En aquellas en las que todavía oran juntos, es la reunión de menos asistencia. De ahí la pobreza y debilidad espiritual. En nuestra riqueza y autosuficiencia no sentimos urgencia en cuanto a la oración.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">          Hay una corriente de ir abandonando el lugar bíblico de <strong>la mujer</strong> en la congregación. Algunas iglesias locales van cediendo poco a poco, dejando que participen en voz alta en la reunión de oración. Otras ya han desechado todo; ven como cosas anticuadas el velo, el silencio, la sumisión y la renuncia de joyas, fantasías y vestidos costosos.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">          ¿Se darán cuenta de que así llaman al Nuevo Testamento anticuado también? ¿Qué hacen nuestras mujeres, profesando piedad y a la vez llevando oro y perlas, o la imitación de estos lujos? ¿Es que todos tenemos vergüenza de enseñar e insistir en lo que la Biblia enseña? ¡Que Dios nos ayude! ¿Dónde están los varones de Dios que se levantarán y contenderán ardientemente por la fe? Los hombres cada vez guardan más silencio y las damas más fijan la pauta.</h6>
<h6 style="text-align: justify;"></h6>
<h6 style="text-align: justify;">          Y por último, nuestro <strong>orgullo</strong> y falta de arrepentimiento. En lugar de reconocer pobreza, intentamos esconderla. Encubrimos el pecado o lo disculpamos como enfermedad, problema, falta de madurez o debilidad. Está mal visto hablar de nuestro <em>pecado</em> e <em>iniquidad</em>. No queremos juzgar el mal; pensamos que con el tiempo se sanan o se auto corrigen las cosas.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">          Pero, ¿es verdad que el tiempo hace esto? ¿Pensamos salir airosos, sin castigo divino? ¿Acaso no segamos lo que hemos sembrado? <em>Gálatas 6.7</em> advierte que no debemos engañarnos; Dios no puede ser burlado, ni por creyente ni por inconverso.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">          ¿Qué diremos de nuestros hogares, las peleas dentro del seno de la familia, las separaciones y aun los divorcios entre creyentes? ¿Qué diremos de las lágrimas que derraman tanto padres como hijos a consecuencia de semejante ruina? Pero estos mismos también lloran al presentarse en la cena del Señor, y nos corresponde citar <em>Malaquías 2.13: “Esta otra vez haréis cumplir el altar de Jehová de lágrimas, de llanto, y de clamor; así que no miraré más a la ofrenda, para aceptarla con gusto de vuestra mano”.</em></h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">          ¿Cuándo nos daremos cuenta de que Dios nos está hablando por medio de las enfermedades y tragedias? <em>“… por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros”, 1 Corintios 11.30</em>. Es verdad que siempre ha habido, hay y habrá una que otra enfermedad o tragedia en esta vida, pero cuando acontecen con una frecuencia anormal, ¿no debemos ser sensibles a esto? El Señor emplea estas cosas para llamarnos la atención.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">          Piensa en el número de creyentes que gastan una pequeña fortuna en tratamiento psiquiátrico, cosa que antes era para los del mundo que no tienen a Dios. Es verdad que siempre ha habido, y habrá, problemas emocionales, pero hoy día abundan más que nunca. Tal vez Dios quiera decir algo por esos muchos casos. Y antes en la historia, la Iglesia nunca recurría en busca de ayuda a una filosofía tan anticristiana y antibíblica como es la psiquiatría consultiva. Hemos perdido el norte.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">          Nuestro desliz de las cosas de Dios tiene otras consecuencias también. Muchos hijos aborrecen a sus padres y sólo desean estar lejos de ellos. ¿Afecto natural? ¡Ni hablar! En cuanto a la oración, los cielos son como bronce; nuestras oraciones prefabricadas, repetitivas, compuestas de frases hechas<em> “evangélicas”</em>, no pueden penetrar. Casi hemos vuelto a rezar: usamos vez tras vez las mismas palabras y hasta en la misma secuencia.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">          Dios ha perforado nuestra bolsa con agujeros; trabajamos y ahorramos, pero nunca parece que hay suficiente. No ofrendamos al Señor con liberalidad; algunos no le damos ni la décima parte, así que al final tenemos que dárselo al dentista y al mecánico.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">          Sufrimos un hambre en cuanto a la Palabra de Dios. Al ministerio le falta unción. Consiste a veces en un repaso de lo obvio. Aun los predicadores más conservadores hablan generalidades sobre el pecado; tiene orín aquella trompeta de<em> Isaías 58:1: “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión”.</em> Nadie quiere poner el dedo en la llaga; sanan la herida de la hija de mi pueblo con liviandad. Y no se puede echar toda la culpa a los predicadores, porque también puede ser un juicio de Dios sobre nosotros por quererlo así. Nos gusta la papilla y no queremos las predicaciones duras que ayudarían. La reunión de adoración se parece a un muerto. Hay huecos silenciosos y aburridos, cual fruto de nuestra larga ocupación con el deporte y el televisor. Las reuniones evangélicas se realizan por cumplir, como si pescáramos en una bañera que no contiene peces. Hay algunas asambleas donde pasan años sin la conversión de una sola persona.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">          Si no podemos ver que Dios habla y amonesta por medio de todo esto, ¿qué más puede hacer para despertarnos? Somos como la gente de <em>Isaías capítulo 1,</em> herida pero necia y lenta para oír: <em>“¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás. ¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite. Vuestra tierra está destruida, vuestras ciudades puestas a fuego, vuestra tierra delante de vosotros comida por extranjeros, y asolada como asoleamiento de extraños. Y queda la hija de Sion como enramada en viña, y como cabaña en melonar, como ciudad asolada”.</em></h6>
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<h6 style="text-align: justify;">          ¡Necesitamos el arrepentimiento! Que salga de nuestras bocas, al pie de la cruz: <em>“Hemos pecado. Yo he pecado”</em>. Tenemos que corregir y <em>“remendar”</em> los daños que nos han hecho las querellas y pleitos, no exigiendo perdón sino pidiendo perdón a quienes hemos hecho mal. No digamos: <em>“Si te he ofendido en algo …”</em> eso no es reconocer y confesar el mal.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">          También tenemos que arrepentirnos como asambleas, como congregaciones de creyentes. Nunca en la memoria nuestra se ha convocado una reunión con el propósito de arrepentirnos y expresarlo públicamente. Ha llegado la hora. Que se vea y escuche entre nosotros el liderazgo espiritual: varones de Dios que nos llamen a arrodillarnos. ¿Acaso el lector no crea que es posible sentir la ira de Dios como cristiano? Te equivocas, ya que <em>Romanos 11.21</em> dice: <em>“Si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará”.</em></h6>
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<h6 style="text-align: justify;">          Debemos comer la ofrenda por el pecado como lo hizo Daniel: <em>“Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas”, Daniel 9.5</em>. Debemos asirnos a la promesa de Dios en<em> 2 Crónicas 7.14</em>: <em>“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”.</em></h6>
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<h6 style="text-align: justify;">          Es hora de buscar al Señor. Él nos llama a través de la voz de otro profeta también: <em>“Por tu pecado has caído. Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová, y decidle: «Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y te ofreceremos la ofrenda de nuestros labios,»” Oseas 14.1,2.</em></h6>
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<h6 style="text-align: justify;">          Hemos sido un pueblo orgulloso, jactándonos de nuestros evangelistas y maestros de renombre. Nos jactamos de nuestros edificios y por poco caemos en el error que ningún mal nos puede suceder porque celebramos la cena del Señor cada domingo. En <em>Jeremías 7</em> el Señor tuvo que desengañar a su pueblo de aquel entonces de esa idea. <em>“No fijéis en palabras de mentira, diciendo: «Templo de Jehová, templo de Jehová es este» …”</em> Que leas el resto del pasaje.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">          Nuestra humildad ha sido de fachada. Casi diría que ha sido para que los demás digan que cuán humildes somos, porque nos hemos creído superiores a los demás. Si es que tenemos más luz y sabemos una mejor doctrina, ¿de qué nos ha aprovechado? No andamos en ella. Solamente aumentamos el juicio que comenzará por la casa de Dios; <em>1 Pedro 4.17.</em></h6>
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<h6 style="text-align: justify;">          <em>“¡Vuélvete a mí!”</em> dice Jehová.<em> “Reconoce, pues, tu maldad, porque contra Jehová tu Dios has prevaricado”. “Yo soy vuestro esposo; y os tomaré uno de cada ciudad, y dos de cada familia, y os introduciré en Sion”. Jeremías 3.1,13,14.</em></h6>
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<h6 style="text-align: justify;">          El camino que lleva al avivamiento y bendición divina es el de confesar la verdad reveladora de nuestra condición, corregir y restituir lo que hemos hecho mal, apartarnos del pecado e ir a la presencia de Dios para que nos sane y nos bendiga. Hemos de tomar en serio este problema grave, el d e la condición perdida del mundo y la condición impotente de nuestras respectivas asambleas del pueblo del Señor.</h6>
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<h5 style="text-align: right;"><em>William McDonald</em></h5>
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		<title>Solemnidad de la presencia del Señor en las reuniones</title>
		<link>http://eben-ezer.us/solemnidad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Eben-ezer]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Apr 2018 03:55:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Doctrina]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>compartir &#160; Si hay algo que todos nosotros conocemos muy bien es la verdad de la presencia del Señor en las reuniones de los santos. Él es fiel a su promesa: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20). Pero el conocimiento de una verdad y su realización práctica son [&#8230;]</p>
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<h6 style="text-align: justify;">Si hay algo que todos nosotros conocemos muy bien es la verdad de la presencia del Señor en las reuniones de los santos. Él es fiel a su promesa: <em>“Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20)</em>. Pero el conocimiento de una verdad y su realización práctica son dos cosas muy diferentes: ¿no es cierto que, reunidos alrededor de Él, sólo gozamos de su presencia en una muy débil medida? Sin duda Él nos concede ese gozo —algunas veces más intensamente que otras— pues su gracia es infinita; pero muy a menudo perdemos de vista lo que significa la expresión: <em>“Allí estoy yo.”</em> ¿Acaso podríamos reunirnos alguna vez sin oír resonar en nuestros oídos estas palabras?</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">La mayoría de las veces, nuestra actitud en las reuniones sería muy diferente si pudiéramos ver al Señor con los ojos de la carne. ¡Con qué respeto entraríamos al lugar donde <strong>está su presencia</strong>! ¡Qué santo temor sentiríamos! ¡Cómo temblaríamos antes de ejercer alguna acción en una reunión! ¡Qué atención prestaríamos constantemente para escuchar lo que Él quiere decirnos por medio de la Palabra y el ministerio del Espíritu! Pero, el hecho de que podamos verlo solamente con los ojos de la fe, ¿será un motivo para que nuestra actitud no sea la correcta en el lugar donde Él está? Cada uno de nosotros, ejercitado delante de Dios al respecto, podrá responder a esta pregunta.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">¿Hemos considerado la conducta de los hombres de Dios, de los cuales nos hablan las Escrituras, cuando se encontraban en la presencia de Jehová? Cuando a Abraham <em>“le apareció Jehová en el encinar de Mamre&#8230; <strong>se postró en tierra</strong>” (Génesis 18:1-2)</em>.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Cuando a Moisés <em>“lo llamó Dios de en medio de la zarza&#8230; <strong>cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios</strong>” (Éxodo 3:2-6).</em> En el momento en que iban a reñir combate en Canaán, Josué se encontró ante <em>“el Príncipe del ejército de Jehová” y “postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró” (Josué 5:14).</em> Al igual que para Moisés, el lugar donde se encontraba era santo.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Recordemos también la visión del profeta Ezequiel: <em>“Esta fue la visión de la semejanza de la gloria de Jehová. Y cuando yo la vi, <strong>me postré sobre mi rostro</strong>, y oí la voz de uno que hablaba”</em> (Ezequiel 1:28).</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">¡Y qué espectáculo debió de verse cuando, después del regreso de la cautividad, <em>“se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas”</em>; y Esdras llevó “<em>el libro de la ley de Moisés&#8230; y leyó&#8230; y abrió&#8230; el libro a ojos de todo el pueblo</em>”, y luego <em>“bendijo Esdras a Jehová, Dios grande! Y todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén! alzando sus manos; <strong>y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra</strong>”</em> (Nehemías 8:1-6)!</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Por supuesto, como estos ejemplos están en el Antiguo Testamento, no hallamos aún la plena revelación de la gracia de Dios en la persona del Señor Jesús; pero, ¡qué temor, qué respeto, qué profundo sentimiento de lo que convenía en la presencia de Jehová! Todo lo cual debería caracterizarnos asimismo en la actualidad. Por otra parte, también hallaremos muchos ejemplos en el Nuevo Testamento. Citemos uno solo: el leproso sanado —figura de un pecador purificado de su mancha—, único de entre los diez que <em>“volvió, glorificando a Dios a gran voz., y <strong>se postró rostro en tierra a sus pies</strong> (los de Jesús), <strong>dándole gracias</strong>” (Lucas 17:15-16).</em> ¡Qué actitud, en la presencia del Señor, para expresar la alabanza de la que Él es digno!</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Abstracción hecha de aquello que sería solamente simulación —y por consecuencia hipocresía—, ¿no podríamos decir que nuestra actitud en las reuniones alrededor del Señor es, de algún modo, el reflejo de nuestra vida espiritual? En <em>Deuteronomio 26:10</em>, leemos que el israelita adoraba (literalmente: <strong>se prosternaba</strong>, <strong>se inclinaba</strong>; véase RV 1909) <strong>delante de Jehová su Dios</strong>, porque previamente había hecho siete cosas que se describen en los versículos 1 a 3 de ese mismo capítulo:</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">1) Entrar en la tierra; 2) poseerla; 3) habitar en ella; 4) tomar de las primicias de todos los frutos; 5) ponerlas en una canasta; 6) ir al lugar que Jehová había escogido para hacer habitar su nombre; 7) presentarse ante el sacerdote. Recordemos el significado de estas cosas en relación con lo que nos concierne:</h6>
<h6 style="text-align: justify;">1) Por la fe ya podemos entrar en el cielo, bendecidos<em> “con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”</em>, gozando de nuestra posición celestial: “<em>Nos hizo sentar en los lugares celestiales con (lit. en) Cristo Jesús” (Efesios 1:3; 2:6).</em></h6>
<h6 style="text-align: justify;">2) Estamos llamados a poseer esa<em> “tierra”,</em> a gozar de ella como de aquello que nos pertenece, pues es nuestra herencia y tenemos desde ahora las arras que hemos recibido: <em>“Habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Efesios 1:13-14)</em>.</h6>
<h6 style="text-align: justify;">3) Luego tenemos que “<em>habitar”</em> en ella, es decir, morar allí no unos momentos de tanto en tanto, sino constantemente.</h6>
<h6 style="text-align: justify;">4) Entonces podremos recoger los más bellos frutos, día tras día, es decir, lo que habremos visto, conocido y recibido de Cristo, pues Él es el que llena con su gloria el cielo: <em>“Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Colosenses 3:1).</em></h6>
<h6 style="text-align: justify;">5) Esos<em> “frutos”</em> se dispondrán en la <em>“canasta”</em> para ser presentados: con nuestro corazón lleno de Cristo, presentaremos con orden (en todos los aspectos, pues nuestro Dios es un Dios de orden) lo que habrá llenado nuestros pensamientos de esa Persona adorable.</h6>
<h6 style="text-align: justify;">6) De modo que habiendo hecho realidad estas cosas en nuestra vida práctica diariamente, el primer día de la semana podremos dirigirnos, con nuestras canastas llenas, al lugar donde Él hace habitar su Nombre, felices de responder a su invitación.</h6>
<h6 style="text-align: justify;">7) Allí iremos, no hacia un hombre, sino hacia Él, como el israelita que se presentaba ante el sacerdote, pues vamos a encontrarnos con el Señor. ¡Aquel que nos invita es nuestro Salvador, nuestro Señor! ¡Qué momentos solemnes son los que pasamos alrededor de su Persona!</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Todas estas cosas las conocemos y las hemos oído repetir a menudo; pero si las llevásemos a la práctica de mejor manera, ¡qué ambiente se respiraría en las reuniones! ¿Dónde quedarían los vanos pensamientos que a veces nos asaltan cuando nos encontramos en ellas? ¿Escucharíamos a un hermano con más atención que a otro? ¿Habría algo que pudiera distraernos, miradas dirigidas hacia uno u otro, o actitudes indebidas, cualesquiera que sean? ¿Habría <em>“canastas”</em> vacías que dieran testimonio de que no hemos poseído ni habitado <em>“la tierra”</em> que hemos recibido como herencia?</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Ciertamente, se manifestaría el recogimiento que conviene ante la presencia del Señor; no una solemnidad falsa y simulada, sino la que resulta del profundo sentimiento de que el Señor se encuentra allí. Habría frutos presentados en un culto que se elevaría con todo el poder del Espíritu y que nada podría contristar. Se mantendría una atención sostenida para escuchar no a un hombre, sino lo que el Señor quiere decir a los suyos a fin de edificarlos, exhortarlos y alentarlos. ¡Qué bendición reciben los dos o tres que se reúnen alrededor del Señor llevando a la realidad estas cosas! ¡Y qué poder se manifestará en el testimonio dado así <em>(1ª Corintios 14:25)</em>!</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">A veces nos quejamos de la aridez que sentimos, de que no recibimos lo que esperábamos, de no tener los dones que desearíamos&#8230; Pero, ¿nos hemos juzgado a nosotros mismos al respecto, en lugar de juzgar a los demás? ¿Hemos pensado detenidamente que, casi siempre, las reuniones reflejan la altura de lo que somos individualmente? Un solo miembro puede ocasionar sufrimiento a todo el cuerpo, y puede ser un obstáculo que impide recibir la bendición colectiva. Esto es una seria responsabilidad delante de Dios.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Sin duda, la gracia divina nos deja perplejos: a Dios le agrada colmarnos de bendiciones, a pesar de todo lo que somos. ¡Lo hemos experimentado tantas veces! Pero este pensamiento precioso y alentador no debe conducirnos a perder de vista nuestra responsabilidad. ¿Qué sucedería si Él derramase sobre nosotros sólo la bendición que mereciéramos?&#8230;</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Señalemos también que, sobre todo, existe una reunión en la que la presencia del Señor a veces parece poco real. Se trata de la reunión de hermanos con el fin de administrar lo atinente a la asamblea o iglesia. Al respecto, un hermano escribió: <em>«La falta de consideración por la persona del Señor es la causa de todo tipo de desórdenes. Cuando se trata de la edificación en la Iglesia, uno tomará la libertad de obrar o de callar. Cuando se trata de la administración&#8230; es aún más grave. En algunas de esas reuniones, las decisiones más solemnes a veces se toman a través de ociosas discusiones, donde cada uno piensa tener el derecho de hacer valer su opinión a menudo influenciada por consideraciones personales</em>.»</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Es un hecho muy desdichado desde todo punto de vista si tal reunión a veces comienza y finaliza sin haber orado. Es lamentable si a menudo se la limita a una conversación susceptible de dar la impresión —más o menos justa— de que la administración en la iglesia es concebida como la que se lleva a cabo en alguna asociación humana. A pesar de toda la buena voluntad que podamos aportar en esto, ¿cuáles serán los resultados? Muchas dificultades que surgen aquí y allá, ¿no tienen su origen en la manera en que fue llevada a cabo la administración en la asamblea? La <em>«buena voluntad»</em> —por buena que sea— no deja de ser la voluntad del hombre. Eso no es lo que Dios nos pide; Él espera de nosotros una completa obediencia a su Palabra.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;"><em>«La responsabilidad de tomar decisiones revestidas de la autoridad del Señor es algo tan solemne que el solo hecho de pensar en ello debería hacernos caer en el polvo —falibles seres como somos—; por lo cual, conscientes de nuestra insignificancia, deberíamos elevar nuestras manos y nuestro corazón hacia Aquel que bien desea tomar lugar en medio de nosotros.»</em></h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Nunca tendremos el suficiente sentimiento de nuestra absoluta incapacidad, incluso cuando se trata de la más pequeña cuestión, o aun cuando se refiere a asuntos de orden material, acerca de los cuales a veces se oye decir que no merecen un largo examen porque en la vida corriente se arreglan rápidamente cosas similares mucho más importantes. Entonces se toman decisiones que no han sido pesadas en la presencia del Señor, que no tienen sobre cada uno la autoridad que requiere todo lo que el Señor puede aprobar, y surgen descontentos, murmuraciones&#8230; El adversario sabe aprovechar esto, siembra la discordia ¡y excita las disputas!</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Jamás olvidemos que estamos delante de un Dios ante cuyos ojos nada es muy grande ni nada es muy pequeño. Ante Sus ojos no hay ninguna diferencia, y el asunto que nos parece muy poco importante, reviste importancia para Él, pues concierne a su Iglesia, la Iglesia del Dios vivo, que fue ganada por la sangre de su propio Hijo <em>(Hechos 20:28)</em>. Los asuntos que parecen de poca importancia merecen el mismo ejercicio, en el temor y el sentimiento de la presencia del Señor, que toda otra cuestión que nos parece mucho más importante.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Teniendo el privilegio y la responsabilidad de ocuparnos en lo que concierne a su testimonio, clamemos al Señor a fin de que, durante las reuniones para la administración de los asuntos de la iglesia, Él mantenga en nosotros la profunda convicción de la realidad de su presencia en medio nuestro, observando la seriedad, guardándonos de toda actitud, de toda expresión que sea incompatible con Su presencia —actitudes y expresiones que no nos atreveríamos a manifestar en otras reuniones—, y conducidos por Él para que se haga “todo decentemente y con orden” <em>(1ª Corintios 14:40).</em></h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Querer instituir un rito estaría muy lejos del pensamiento de Dios; pero ¿no sentiremos en nuestro corazón la necesidad de orar juntos al principio de esa reunión, para mantenernos en un sentimiento de temor y dependencia, guardados en un espíritu de piedad y humildad? Si obrásemos siempre con ese sentimiento y en ese espíritu, la mayor parte de las dificultades que surgen —¿no podríamos decir: todas? — nos serían evitadas.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Al terminar tal reunión, ¿no sentiremos también en nuestro corazón la necesidad de dirigirnos a Dios? ¿No habrán temas alentadores que nos hacen bendecir su Nombre, circunstancias en las cuales necesitamos ser ejercitados y dirigidos, dificultades que es preciso exponer delante de Él para obtener su poderoso socorro, y tantas otras cosas?&#8230; Sentiremos la necesidad de clamar a Él por estas cosas en la medida que hayamos gustado la realidad de Su presencia.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">¡Quiera Dios que sintamos más profundamente en nuestro corazón los asuntos que competen al testimonio y que pensemos mucho en ellos para presentarlos tanto en las oraciones individuales como colectivas!</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Para que se nos permita mantener el testimonio en nuestras manos —a pesar de nuestra debilidad y de la ruina que nos hace gemir—, ¿no es necesario, ante todo, que la presencia del Señor sea una realidad gustada en medio de los dos o tres reunidos en su Nombre, con todo lo que ello implica?</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Pero, aún, pensemos en sus derechos: ¡él es el Señor! Pensemos en su amoroso corazón: el que dijo: “<em>Allí estoy yo en medio de ellos”</em> ¡es Aquel que nos amó hasta la muerte y muerte de cruz! Él siente —tanto hoy como cuando estaba en el mundo <em>(Mateo 11:3; Lucas 7:44-46)</em> &#8211; la falta de consideración por su Persona; ¿osaríamos responder a su amor entristeciendo su corazón? <em>.</em></h6>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: right;"><em>Fuzier P</em></h5>
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		<title>El cristiano y la política</title>
		<link>http://eben-ezer.us/el-cristiano-y-la-politica/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Eben-ezer]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Apr 2018 18:51:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Doctrina]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>compartir &#160; &#160; ¿Conviene que un creyente en Jesucristo se involucre en la política? &#160;         Entiendo que el político es uno que se caracteriza por un interés marcado y continuo en el gobierno civil de su país y del mundo en general. Alaba a los gobernantes cuando cree que lo merecen y los condena cuando piensa que no han [&#8230;]</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h6></h6>
<h4 style="text-align: justify;"><em>¿Conviene que un creyente en Jesucristo se involucre en la política?</em></h4>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">        Entiendo que el político es uno que se caracteriza por un interés marcado y continuo en el gobierno civil de su país y del mundo en general. Alaba a los gobernantes cuando cree que lo merecen y los condena cuando piensa que no han actuado apropiadamente. Protesta en voz alta contra la injusticia, corrupción y cualquier abuso de la libertad. Resiste, en cuanto la ley permite, las acciones que a su juicio perjudican a la ciudadanía. Ejerce sus derechos como ciudadano para influenciar el gobierno de turno y, si la oportunidad se presentara, se incorporaría en ese gobierno para ejercer poder en pro de una administración ajustada a los conceptos que profesa.</h6>
<h6 style="text-align: justify;"><span style="font-size: 16px;"><br />
</span></h6>
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<h4 style="text-align: justify;"><em>Señor Jesús el modelo</em></h4>
<h6 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;"></h6>
<h6 style="text-align: justify;">        ¿Cómo, entonces, podemos saber si este patrón de conducta es apropiado para un creyente en Cristo? Al mirar a Jesús cual modelo. La vida suya es la guía para nosotros en todo; Él nos dejó ejemplo para que sigamos en sus pisadas, 1 Pedro 2.21. Todo lo que hizo complacía al Padre: «Yo hago siempre lo que le agrada”, Juan 8.29. Si toda perfección se encontró en él, lo que Él no quería hacer tampoco nos conviene a nosotros.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">        ¿Y era político? ¿Se interesó por las actividades políticas de su país, o agitó a favor de cambios en la administración de la justicia? ¿Jesús se hizo defensor de los derechos ciudadanos de los presos políticos de su tiempo, o dio discursos condenando la corrupción administrativa? ¿Se ofreció para encabezar una plancha política o un movimiento de presión social?</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">        Su conducta fue todo lo opuesto a la de un político. Si hubiera sido un activista en cuestiones civiles, las circunstancias de su día le hubieran proporcionado un sinfín de causas. Fue mientras estaba aquí que desaparecieron las últimas sombras de libertad para los judíos y su país sintió más que nunca el apretón del puño romano. Semejante estado de cosas hubiera movido el corazón de cualquier activista en asuntos cívicos, pero en las historias en los cuatro Evangelios leemos sólo las referencias más secundarias al trasfondo político de aquellos eventos.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">        Cuando una u otra oportunidad se presentó para que el Salvador manifestara convicciones políticas, Él nunca las aprovechó. «Maestro, dí a mi hermano que parta conmigo la herencia”, dijo uno en Lucas 12.13. Un político se hubiera metido en el conflicto, pero Jesús no quiso saber nada de la disputa, y habló más bien de la avaricia. «¿Quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?» Si Él no, nosotros menos.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">        Juan el Bautista, precursor del Salvador, el mayor de los hombres que había nacido de mujer, muere víctima de las artimañas de una princesa adúltera y un rey por demás impío. ¿Cómo reacciona Jesús? ¿Levanta protesta o predica contra los homicidas? No. Juan es encarcelado y Jesús nada dice; Juan muere y Jesús nada dice. Son los discípulos del Bautista que se encargan del entierro.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">        Pensemos en aquel relato de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos, Lucas 13. Eso fue un crimen contra la nación, un escándalo de mayores proporciones. Fue un abuso contra la religión además de un atropello a la dignidad humana. Tremenda oportunidad había para forjar una oposición unánime a la tiranía romana. ¡Un pagano se había manchado las manos con la sangre de los adoradores de Dios en el templo nacional! Supongamos que en nuestros días el ejército entrara en una iglesia para fusilar a los feligreses arrodillados ante el altar. ¡Qué protesta habría! ¡Qué oportunidad para un político lanzarse como defensor de la libertad, religión, paz y justicia!</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">        ¿Pero Jesús? Ningún pronunciamiento político; ninguna intervención en el asunto. Sólo una advertencia acerca de la condición espiritual de los sobrevivientes: «Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente”.</h6>
<h6 style="text-align: justify;"><span style="font-size: 16px;"><br />
</span></h6>
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<p>&nbsp;</p>
<h4 style="text-align: justify;"><em>Impuestos y corrupción</em></h4>
<h6 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;">        Tome la cuestión del abuso fiscal y las prácticas de los malvados publícanos en cobrar impuestos exagerados de sus conciudadanos, repartiendo el botín con los romanos tan odiados. «Vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas”, Mateo 17.24. Jesús establece su exoneración pero también realiza un milagro para satisfacer el requisito.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">        Sus contemporáneos plantearon la pregunta si era lícito dar tributo al emperador romano. Solicitaron la opinión del Señor, presentándole una oportunidad excelente para hacer saber sus tendencias políticas. Detrás de la consulta estaba la cuestión del derecho de los romanos a gobernar sobre Judea, gravando sus habitantes por decisión unilateral, oprimiendo sus libertades a la vez. El César de turno en Roma era un disoluto, hombre cruel y homicida. Con todo, Jesús exhorta a sus oyentes pagar tributo a un idólatra, consciente de que éste podría aplicar los ingresos a mantener la idolatría.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">        Jesús, pues, no era ningún político. ¿Soy discípulo suyo? Si lo soy, tampoco debo ser político. «Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor”, Mateo 10.25.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">        Si Jesús no intervino en cuestiones del gobierno civil, es porque semejante conducta no agradaría al Padre. El Señor no participó en la política ni aprobó la participación de otros. Es una actividad que no me corresponde como cristiano; de otra manera, el carácter de mi Señor era imperfecto. Pero su perfección es mi modelo, y por esto debo rehusar la actividad política. No soy del mundo, como tampoco era Él del mundo, Juan 17.16.</h6>
<h6 style="text-align: justify;"><span style="font-size: 16px;"><br />
</span></h6>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4 style="text-align: justify;"><em>Pablo un ejemplo</em></h4>
<h6 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;">        ¿Pero acaso Pablo no se valió de su ciudadanía romana cuando iba a ser azotado? Hechos 22.28,29. Estando su vida en peligro, ¿no apeló a César? 25.11. Es verdad, y al cristiano le es permitido, entonces, valerse de las salvaguardas en la ley cuando las acusaciones legales en su contra podrían resultar en daño o muerte. Pero ninguno de estos dos puntos forman parte del carácter del político como lo hemos descrito.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">        Tome como ejemplo el caso sobresaliente. Enemigos del evangelio llevan a Pablo y Silas ante los gobernantes en Filipos. Los magistrados, sin concederles audiencia o cumplir con el justo procedimiento legal, mandan a que sean azotados y encarcelados, Hechos 16.19 al 24.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">        ¿Qué hubiera hecho un político en este caso? Él hubiera llevado su protesta a Roma, acusando a esos tiranos de haber pisoteado derechos constitucionales, reclamando que la policía en todo el imperio respete a los ciudadanos romanos. ¿Pablo lo hace? No. Exige, ciertamente, que los carceleros no despachen a los dos encubiertamente, sino que los mismos magistrados expidan el boleto de excarcelación de rigor. Pero no demanda una confesión de haber faltado ellos ni les denuncia a sus superiores. Un político hubiera sacado partida del suceso, pero el apóstol Pablo no.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;"><span style="font-size: 16px;"><br />
</span></h6>
<p>&nbsp;</p>
<h4 style="text-align: justify;"><em>Mandamientos y doctrina</em></h4>
<h6 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h6>
<h6 style="text-align: justify;">        El cristiano es un extranjero y peregrino sobre la tierra, viviendo en espera de una ciudad celestial, Hebreos 11.13,16. Como extranjero y peregrino, vive entre los que murmuran contra él pero consideran sus buenas obras, 1 Pedro 2.12. Él entiende que Dios «visitó» a los gentiles, para tomar de entre ellos un pueblo para su nombre, Hechos 15.14. El cristiano no se ocupa de la política porque no le interesa ni le corresponde. Su ciudadanía está en los cielos, de donde también espera al Salvador, al Señor Jesucristo, Filipenses 3.20</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">        El cristiano entiende que los pueblos y gobiernos en naciones desarrolladas reclaman y profesan la justicia, pero que él está llamado a mostrar más bien la misericordia. Oye a sus prójimos clamar: «Ojo por ojo, y diente por diente”, pero no resiste al que es malo; a cualquiera que le hiera en la mejilla derecha, le vuelve también la otra, Mateo 5.38,39. El político no prosperará así.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">        El cristiano lee en su Biblia que debe sufrir el agravio. El mundo ha de ser juzgado por los suyos, de suerte que cualquier intento a enderezarlo ahora sería prematuro; 1 Corintios 6.4 al 11. El mandamiento que ha recibido es: «Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que le tomó por soldado”, 2 Timoteo 2.3,4.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">        En fin, el cristiano no se involucra en la política porque ha aprendido el sentido profundo de las palabras de su Salvador y Señor: «Deje que los muertos entierren a sus muertos, y tú, vé y anuncia el reino de Dios”, Lucas 9.60.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: right;"><em>Basado en The christian and politics,<br />
Revista Help and Food</em></h5>
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		<title>¿Construcción o destrucción?</title>
		<link>http://eben-ezer.us/construccion-o-destruccion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Eben-ezer]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 28 Feb 2018 20:52:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Doctrina]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>compartir &#160; Zacarías 1: 18-21. &#160; En esta visión que le fue dada a Zacarías observamos dos fuerzas que bien podríamos denominar como «destrucción» y «construcción». Se presentan en ese orden y la primera fuerza se caracteriza por destruir y la otra por construir. Sería muy conveniente preguntarnos: «¿Cuál de estas fuerzas nos caracteriza?» Ciertamente, tenemos la capacidad de hacer [&#8230;]</p>
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<p>&nbsp;</p>
<h6></h6>
<h6></h6>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><u>Zacarías 1: 18-21.</u></strong></h5>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">En esta visión que le fue dada a Zacarías observamos dos fuerzas que bien podríamos denominar como <strong>«destrucción»</strong> y <strong>«construcción»</strong>. Se presentan en ese orden y la primera fuerza se caracteriza por destruir y la otra por construir. Sería muy conveniente preguntarnos: «¿Cuál de estas fuerzas nos caracteriza?» Ciertamente, tenemos la capacidad de hacer ambas cosas, destruir y construir, por lo tanto, deberíamos ejercitar nuestros corazones para saber si nuestra vida práctica se caracteriza por el deseo de colaborar para la edificación de los santos o si somos propensos a derribar todo lo que ellos hacen al servicio de Dios. ¿Colaboramos en la edificación de los santos en nuestra asamblea local o somos de aquellos que los desaniman y dispersan? Es fundamental que todos nos hagamos estas preguntas. En los pasajes que nos hemos propuesto considerar hallaremos la luz bíblica necesaria en cuanto a este tema.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">El escenario en el cual se desarrolla la visión de Zacarías está descrito en el libro de Esdras. Los cuatro cuernos mencionados representan a los cuatro enemigos que sometieron al pueblo de Dios, quienes con su tremendo poder los redujeron a servidumbre. En el tiempo de la visión sólo dos se habían levantado, Babilonia y Persia, pero parecería que todo el dominio gentil estaba involucrado en estos hechos.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Todos estos imperios ya habían sido representados simbólicamente en el primer capítulo de Zacarías por medio de la figura de los caballos. Estos animales representan el poder del mundo. Los cuernos, en cambio, simbolizan el poder destructivo utilizado específicamente contra el pueblo de Dios. Podemos afirmar que los cuatro carpinteros que hallamos a continuación caracterizan a Hageo, Zacarías, Zorobabel y Jesúa, cuyos nombres aparecen mencionados en Esdras 5: 1-2. Es interesante observar que estos hombres compartían la preocupación en cuanto a la construcción del templo.</h6>
<h6></h6>
<h6 style="text-align: justify;">Podemos verlos como «carpinteros», como constructores. Ellos se hallaban rodeados de enemigos que querían derribar lo que estaban construyendo, sin embargo, continuaron edificando. La visión de Zacarías también nos enseña el punto de vista divino en cuanto al asunto.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Un cuerno es algo bestial, totalmente falto de inteligencia, mientras que un carpintero es un hombre sabio que posee la habilidad de construir o de reparar. Además, es evidente, según lo que nos enseña la visión, que los carpinteros se oponían a la destrucción por medio de la construcción. La mejor forma de actuar contra el poder destructivo de los adversarios es seguir construyendo.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Notemos que el profeta dice: “Me mostró luego Jehová cuatro carpinteros” (vs.20), lo cual nos hace pensar que Dios deseaba que el profeta fijara su atención en estos cuatro personajes. Por otro lado, es de notar que las Escrituras no nos relatan que Dios le haya mostrado al profeta los cuatro cuernos, el versículo 18 nos dice que Zacarías simplemente levantó la vista y los vio. En cambio, Dios sí quiso mostrarle los cuatro carpinteros. Evidentemente, Dios deseaba de manera particular que el profeta observara a estos hombres. Por algún motivo especial Él mismo los había puesto en escena.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Tenemos ante nosotros una descripción de estas dos fuerzas antagónicas, por lo cual surge nuevamente una importante pregunta: ¿nos identificamos con los cuernos o con los carpinteros? Nuestra conducta en la iglesia local, ¿está comprometida con la destrucción o con la edificación de los que nos rodean? ¿Usamos nuestras capacidades para atraer personas a las reuniones o somos instrumentos utilizados para alejarlas? En estos días que nos tocan vivir deberíamos sentir la imperiosa necesidad de hacer estas reflexiones.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;"></h6>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><u>Salmo 74: 5-6</u></strong></h5>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">En el Salmo 74 leemos cómo se lamenta Asaf a causa de la destrucción del templo a manos de Nabucodonosor. Pero es llamativo que el salmista mencione a ciertos hombres que levantaban el hacha en medio del bosque (vs. 5). Seguramente, en el Líbano habían levantado sus hachas para derribar cedros y luego, con las mismas hachas y martillos, tallaron la madera para adornar el templo.</h6>
<h6></h6>
<h6 style="text-align: justify;">Observamos entonces que estas herramientas <strong>destructivas</strong> fueron empleadas de manera correcta, porque fueron utilizadas <strong>fuera</strong> de la casa a fin de conseguir la madera necesaria para la <strong>construcción</strong>. Recordemos que los constructores no podían utilizar ninguna herramienta <strong>dentro</strong> de la casa mientras la construían (1ª Reyes 6:7).</h6>
<h6></h6>
<h6 style="text-align: justify;">De igual manera, en nuestros días hay hombres que por medio del evangelio «cortan» hombres que ostentan un lugar «elevado» en el mundo, obteniendo así el material necesario para la edificación de la casa de Dios. Pero a continuación, Asaf nos relata que las hachas y los martillos fueron utilizados <strong>dentro </strong>del templo —donde no se podía— para destruir todos los hermosos adornos que habían construido hábilmente otras personas.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Hermanos, es mucho más fácil alejar a las personas que atraerlas. A veces debemos sufrir la triste experiencia de ver cómo ciertas personas trabajan activamente sembrando discordia en las asambleas. Las tristes consecuencias son inevitables: hay personas que se alejan. ¡Qué bendición sería para la asamblea si en vez de hacer estas cosas ellos trabajaran mucho más a favor de la conversión de los pecadores, ayudándolos a ser parte de los adornos de la casa de Dios! Hermanos, ¿se comenta que ahuyentamos a las personas en lugar de trabajar arduamente para atraerlas? ¿Destruimos o construimos? ¿Cuál es la verdad?</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;"></h6>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><u>Marcos 6: 3</u></strong></h5>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Este versículo nos enseña que mientras el Señor estuvo en la tierra tenía un oficio constructivo: era carpintero. ¡El Señor nunca hubiera elegido ser un cuerno destructivo! Para obrar constructivamente, como hemos señalado, deberíamos seguir el ejemplo del Señor. Hace algunos años, un hermano hablaba profundamente sobre este versículo, enseñando que un carpintero tiene la capacidad para realizar dos tareas: fabrica enseres nuevos y repara los rotos. Son las dos tareas que nuestro Señor llevaba a cabo permanentemente mientras estaba aquí en este mundo. Cualquiera puede ser un cuerno destructivo e insensible, no hay mérito en ello, pero sólo un hombre hábil y sabio puede ser un carpintero. ¡Oh, que haya más carpinteros y menos cuernos!</h6>
<h6 style="text-align: justify;"></h6>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><u>2ª Corintios 13: 10</u></strong></h5>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Por último, en 2ª Corintios 13 el apóstol Pablo se refiere a la destrucción y a la edificación en relación con el ministerio que él llevaba a cabo: “Conforme a la autoridad que el Señor me ha dado <strong>para edificación, y no para destrucción</strong>” (vs. 10).</h6>
<h6></h6>
<h6 style="text-align: justify;">Indudablemente, el apóstol se refiere aquí al llamamiento y al poder de su apostolado; sin embargo, aunque en una medida menor, nosotros estamos en la misma posición. Pertenecemos a la Iglesia de Dios y tenemos una responsabilidad en nuestra congregación local. Pero, ¿realmente estamos realizando todos los esfuerzos posibles para edificar y no para destruir, para construir y no para derribar? Hermanos, debemos manifestar el carácter del carpintero y no el del cuerno. Busquemos ser instrumentos útiles para la edificación de los santos y, por qué no, para la recuperación de los que han sido alejados. Debemos dejar de lado todo aquello que pudiera desalentar y dispersar al pueblo de Dios.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Cada uno de nosotros tiene poder para edificar. Utilicemos este poder, por medio de la gracia de nuestro Señor, para edificar a nuestros hermanos, y muy especialmente a los de nuestra congregación local.</h6>
<h6></h6>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4 style="text-align: right;"><em>George Davison</em></h4>
<h6 style="text-align: justify;"><em>___________</em></h6>
<h6 style="text-align: justify;"></h6>
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		<title>Mi respuesta frente a su venida</title>
		<link>http://eben-ezer.us/respuesta-frente-venida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Eben-ezer]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 19 Dec 2017 02:26:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Devocionales]]></category>
		<category><![CDATA[Doctrina]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>compartir &#160; &#160; Aquí hay cuatro textos, y cada uno dicho por nuestro Señor Jesucristo refiriéndose a Su segunda venida, que deben producir en nosotros una reacción como una respuesta personal a Sus palabras. &#160; 1.  La Respuesta De Mis Pies: En Mateo 25:6 el Señor Jesús dijo: «¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!» ¿Hago yo esto? ¿Salgo a recibirle? Esto tiene [&#8230;]</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h6></h6>
<h6 style="text-align: justify;">Aquí hay cuatro textos, y cada uno dicho por nuestro Señor Jesucristo refiriéndose a Su segunda venida, que deben producir en nosotros una reacción como una respuesta personal a Sus palabras.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">
<p><b>1.  La Respuesta De Mis Pies:</b> En Mateo 25:6 el Señor Jesús dijo: <i>«¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!»</i> ¿Hago yo esto? ¿Salgo a recibirle? Esto tiene que ver con mi caminar, que debe ser un caminar espiritual.  Pablo lo describe: <i>«Y andad en amor, como también Cristo nos amó»</i> (Ef. 5:2).  <i>«Andad como hijos de luz» </i>(Ef. 5:8). <i>«Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios»</i> (Ef. 5:15).<i> «Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra» </i>(Col.1:10). Esto es como debemos andar, nosotros los que salimos de este mundo para recibir al Señor Jesucristo.</h6>
<h6></h6>
<h6 style="text-align: justify;">
<p><b>2.  La Respuesta De Mis Ojos:</b> En Marcos 13:35-37 el Señor Jesús dijo: <i>«Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa&#8230; y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad</i>«. La expresión <i>«velad»</i> habla de nuestros ojos espirituales, <i>«los ojos de vuestro entendimiento»</i> (Ef. 1:18). Es así, en nuestros pensamientos y en nuestro espíritu que debemos estar mirando y anticipando Su venida.  Hebreos 12:2 dice: <i>«puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe»</i>.  <i>«Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo»</i>  (Tit. 2:13). Es una mirada dirigida al cielo, <i>«de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo»</i> (Fil. 3:20). Nuestra actitud y nuestro enfoque en la vida debe mostrar que como los tesalonicenses hemos sido convertidos para <i>«esperar de los cielos a su Hijo»</i> (1 Ts. 1:10). Hermano, hermana, ¿estás mirando al cielo con anticipación?</h6>
<h6></h6>
<h6 style="text-align: justify;">
<p><b>3. La Respuesta De Mis Manos:</b> En Lucas 19:13 el Señor Jesús dijo: <i>«Negociad entre tanto que vengo».</i>  Esto es nuestro trabajo hasta que Él venga, lo que hacemos con nuestras manos. Él espera que yo esté sirviéndole, teniendo mis manos ocupadas en servicio de devoción a Cristo. <i>«Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas»</i> (Ecl. 9:10). En Levítico 8, la palabra<i>«consagrar» </i>significa literalmente «llenar las manos», y así habla de servicio consagrado. <i>«Porque a Cristo el Señor servís»</i> (Col. 3:24).  Somos salvados<i>«para que sirváis al Dios vivo»</i> (He. 9:14). El Señor viene para evaluar nuestro servicio (2 Co. 5:10; 1 Co. 3:9-15). ¿Cuál será Su análisis de lo que yo he hecho y de lo que no he hecho, y cuál será mi recompensa? (1 Co.  9:17-18). Hermanos, ¡sirvamos al Señor para Su gloria!</h6>
<h6></h6>
<h6 style="text-align: justify;">
<p><b>4.  La Respuesta De Mi Corazón:</b> En Juan 14:3 el Señor Jesús dijo: <i>«vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis»</i>. Esto habla a mi corazón, porque Él me dice que quiere que esté con Él en la casa del Padre, y que vendrá y me tomará a sí mismo.  Si en Su gran corazón de amor el Salvador me quiere allí con Él, ciertamente mi corazón ha de responder: <i>«Amén; sí, ven, Señor Jesús»</i> (Ap. 22:20).  Él no se dará por satisfecho hasta que me vea allí (Is. 53:11).  Yo tampoco estaré satisfecho hasta que llegue a Su presencia  (Sal. 17:15). Mis pies, ojos y manos pueden estar cansados en este peregrinaje, pero hermano, mi corazón dice: <i>«VEN, SEÑOR JESÚS»</i>.  Como aquella sulamita, mi corazón dice al Señor: <i>«Mi amado es mío, y yo suya&#8230;Vuélvete, amado mío»</i> (Cnt. 2:16-17). <i>«Apresúrate, amado mío»</i> (Cnt. 8:14).</h6>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: right;"><em>John W. Bramhall (1899-2001)</em></h5>
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		<title>El Tribunal de Cristo</title>
		<link>http://eben-ezer.us/tribunal/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Eben-ezer]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Oct 2017 17:30:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Doctrina]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>compartir &#160; &#160; Nosotros hemos sabido de varios amigos que desean tener mayor claridad sobre este tema tan importante y solemne, como lo es el Tribunal de Cristo; Muchos sin duda se habrán ejercitado en este tema. Para ellos nuestros escritos: “Yo estoy turbado por el pensamiento, que en el Tribunal de Cristo todos los secretos, todos los motivos de nuestro [&#8230;]</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Nosotros hemos sabido de varios amigos que desean tener mayor claridad sobre este tema tan importante y solemne, como lo es el Tribunal de Cristo; Muchos sin duda se habrán ejercitado en este tema. Para ellos nuestros escritos: “Yo estoy turbado por el pensamiento, que en el Tribunal de Cristo todos los secretos, todos los motivos de nuestro corazón serán revelados delante de todos”. En otro escrito continua:</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6></h6>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote>
<h5 style="text-align: justify;"><em> “En presencia de las verdades benditas y eternamente importantes” </em></h5>
</blockquote>
<h6></h6>
<h6></h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">de Juan 5:24; 1 Juan 1:7-9; 1 Juan 2:12; Hebreos 10:1-17. Yo deseo saber la manera en que vosotros comprendéis esto que declaramos en los pasajes siguientes:</h6>
<h6></h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote>
<h5 style="text-align: justify;"><em>“&#8230;por que todos hemos de ser manifestados ante el Tribunal de Cristo; para que cada uno reciba otra vez las cosas hechas en el cuerpo, según lo que haya hecho, sea bueno o malo”. (2 Corintios 5:10 V.M.); </em></h5>
</blockquote>
<h6></h6>
<h5></h5>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote>
<h5 style="text-align: justify;"><em>“De manera que cada uno de nosotros dará cuenta de sí mismo a Dios” (Romanos 14:12 V.M.);</em></h5>
</blockquote>
<h6></h6>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<blockquote>
<h5 style="text-align: justify;"><em>“Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas” (Colosenses 3:24-25). </em></h5>
</blockquote>
<h6></h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6></h6>
<h6 style="text-align: justify;">Esto está sobre la interpretación y la aplicación de estos textos, en los que deseo os fijéis y demando de vosotros la opinión sobre este tema.</h6>
<h6 style="text-align: justify;">Los pasajes en nuestras correspondientes citas son en sí simples, precisos y definidos sobre la pregunta. Tal es que nosotros no lo hemos tomado realmente como es y por ello permitir el peso de toda su importancia sobre nuestro corazón y nuestra conciencia.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>“Es preciso que todos seamos manifestados ante el Tribunal de Cristo.” &#8211;Cada uno de nosotros dará cuenta por sí mismo a Dios. —“&#8230;el que obra injustamente recibirá lo que habrá hecho injustamente.”</em></h5>
</blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h6></h6>
<h6 style="text-align: justify;">Tales son las verdades que El ha establecido claramente. ¿Tendría algún deseo en disminuir la fuerza, en debilitar los ángulos y de cambiar el fin?  ¡Dios les preserve de eso!. Busca mas bien hacer presión sobre nuestra naturaleza, con sus vanidades, con sus incontinencias y todo su carácter. Dios entiende que nosotros servimos de este modo, que no estamos en un espíritu legalista, para no debilitar nuestra confianza en Cristo y en su salvación. Nosotros no seremos jamás juzgados por nuestros pecados: esto es un derecho adquirido; Juan 5:24; Romanos 8:1; 1Juan 4:17 estos versículos son concluyentes sobre este punto. Más luego: nuestro servicio debe pasar bajo la mirada del Maestro.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6></h6>
<h6 style="text-align: justify;">El trabajo de todo hombre, del tipo que sea, debe ser aprobado. El día manifestará todas las cosas. Eso es muy solemne y debe producir en nosotros una gran vigilancia; Él produce en nosotros las obras, de nuestros pensamientos, de nuestras palabras, de nuestros motivos y de nuestros deseos. El sentimiento profundo de la gracia y la clara concepción de nuestra justificación como pecadores no debe jamás debilitar la solemnidad del Tribunal de Cristo, ni de nuestro deseo de caminar de una manera aceptable para Él. Él es garantía de lo estable. El apóstol trabaja a fin de ser aceptable; él tiene su cuerpo en el temor de ser desaprobado. Todo creyente debería hacer lo mismo.</h6>
<h6></h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Nosotros somos desde ahora aceptados en Cristo y así como tal trabajamos para ser aceptables a Él. Debemos procurar dar a cada verdad su propio lugar y el medio de realizar esto es estando permanentemente en la presencia de Dios y de considerar una comunión inmediata con Cristo. Siempre esta el peligro de desplazar una verdad para reemplazarla por alguna otra. Creemos que él hará una plena manifestación de cada uno y de todas las cosas delante del Tribunal de Cristo.</h6>
<h6></h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Todo será puesto en luz. Aquello que parecía y parece brillante y admirable, aquello que es aclamado en este mundo, en medio de los hombres. Será consumido como la madera, como el heno y la hojarasca. Las cosas que se hacen para rodear al hombre de una aureola (Piedad) humana, serán probadas por el fuego y reducidas a cenizas.</h6>
<h6></h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Los consejos de todos los corazones serán manifestados. Todo motivo, todo propósito, todos los deseos serán pesados en la balanza del santuario. La luz probará toda obra del hombre; nada subsistirá sino aquello que será el fruto de la divina gracia en nuestros corazones. Todos los motivos impuros serán juzgados, condenados y consumidos. Todo prejuicio, todo juicio erróneo, toda suposición de mal en la casa de los otros, todo aquello será descubierto y echado al fuego; nosotros veremos entonces las cosas como Cristo las ve, las juzgaremos como El las juzga.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6></h6>
<h6 style="text-align: justify;">No habrá una persona más dichosa que yo mismo, de ver todos mis rastrojos consumidos. Desde ahora, creciendo en la luz espiritual, estaremos reconciliados al Señor, a su suficiente semejanza, condenaremos aquellas cosas que hubiéramos considerados como justas. ¡Cuánto mas será a su luz brillante en el Tribunal de Cristo!</h6>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">¿Ahora cuál debe ser el efecto practico de todo esto sobre el creyente?, ¿Nos hará dudar de su salvación?, ¿Nos pondrá en la incertidumbre si somos aceptados o no?, ¿Hará que se pregunten de su relación con Cristo?, Seguramente no. ¿Entonces que?.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Al conducirnos a caminar día tras día, en una santa vigilancia, bajo los ojos de nuestro Señor y Maestro, para que Él produzca en nosotros la sobriedad, el juicio propio, la diligencia, la integridad en todo, en nuestro servicio y nuestros caminos:</h6>
<h6 style="text-align: justify;">Tenemos un simple ejemplo:</h6>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Un padre deja su casa por un cierto tiempo; antes de marcharse da a sus hijos instrucciones sobre el trabajo que habrán de efectuar y sobre la conducta que deberán observar, durante su ausencia. ¿Renegará el padre a estos últimos?, ¿Romperá su relación con ellos? ¡De ninguna manera! Ellos son hijos suyos tan bien como los primeros a pesar de haber tenido que censurarlos fielmente (por su propio bien).</h6>
<h6></h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Si se mordieron y devoraron unos a otros en vez de hacer la voluntad de su padre; si uno juzgó el trabajo del otro, en vez de ocuparse del suyo; si hubo entre ellos envidia y celos, en vez de un deseo sincero de obediencia a las intenciones (recomendaciones) del padre; todo eso merece la reprobación del Padre (éste no puede aprobar los actos mencionados). No puede ser de otra manera.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Puede ser que alguien ya sea inconverso o un cristiano de convicción distinta, se estremezca de horror a la idea que los secretos de su corazón sean revelados ante todos delante de ese tribunal. Ciertamente, el Espíritu Santo declara que el Señor “ sacará a la luz todas las cosas escondidas de las tinieblas y manifestará los secretos de los corazones” y entonces “cada uno recibirá la alabanza de parte de Dios” (1Corintios 4:5).</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6></h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">No está dicho a quién seremos manifestados. El juicio de un condiscípulo ¿nos impresionaría más que el del Maestro?. Con tal que yo sea agradable a Cristo, no tengo porque inquietarme de lo que dirán los hombres. Si me siento mas turbado a la idea que todos mis motivos serán expuestos a la vista de los hombres  que a la vista de Cristo, ello prueba que estoy más ocupado en mí y que no soy recto. Cuanto antes nos juzguemos, mejor será.</h6>
<h6></h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Después de todo, ¿qué diferencia habrá si todos nuestros pecados, todas nuestras faltas, sean manifestadas ante todos?.¿ Es que Pedro y David pueden sentirse un poco menos felices porque millones de almas han leído el relato de sus vergonzosa caídas?. ¡Por cierto que no! Ellos saben que el registro de sus pecados no hacen sino magnificar la gracia de Dios, e ilustrar el valor de la sangre de Cristo y ellos se regocijan. Es así en todos los casos. Si estuviéramos más despreocupados de nosotros mismos y ocupados de Cristo, tendríamos pensamientos más simples y más correctos sobre el tribunal de Cristo, así como sobre toda otra cuestión similar.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">¡Que el Señor nos guarde en la fidelidad durante su ausencia, afín que en su aparición no tengamos vergüenza delante de Él!. Que nuestras obras sean siempre comenzadas, continuadas y terminadas en Él, afín que nuestros corazones no sean turbados por la estimación de dichas obras en la presencia de su gloria. ¡Que seamos constreñidos por el amor de Cristo, no por el pensamiento del tribunal, sino por el de vivir por aquel que murió por nosotros y que ha resucitado!. Podemos poner todas las cosas entre sus manos, con seguridad y con gozo, sabiendo que Él llevó nuestros pecados en su cuerpo, sobre el madero.</h6>
<h6></h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">No tenemos ninguna razón de temer, pues sabemos que cuando Él aparezca, le seremos semejantes. ¡Cambiados a su imagen, seremos elevados en la gloria, y consideraremos el pasado y nuestro pasaje por la tierra desde esta posición tan elevada y feliz!. Veremos las cosas bajo una luz diferente. Es probable que nos extrañemos de ver que las cosas a las que dábamos gran importancia, eran en realidad defectuosa; Por otra parte veremos que muchas acciones sin importancia, hechas con abnegación y amor al Señor Jesús, serán cuidadosamente registradas y abundantemente recompensadas.</h6>
<h6></h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">Ahí seremos capaces de ver solamente la luz plena del Maestro, por lo cual, muchos de los errores y las faltas, de nuestra adecuada visión del campo.  ¿Cuál será el efecto de todo esto? Precisamente de traer a nuestros corazones una carga de alabanzas a Él, a pesar de las grandes penas, los peligros, a pesar de nuestras faltas y de nuestras acciones, nos ha asignado un lugar en su reino eternal para brillar en su gloria, a su imagen por siempre.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: right;"><em>  C H Mackintosh   </em></h5>
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		<title>Iglecrecimiento</title>
		<link>http://eben-ezer.us/iglecrecimiento/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Eben-ezer]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 19 Aug 2017 07:54:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Doctrina]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>compartir&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; “Perseveraban en la doctrina de los apóstoles… perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón… y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hch. 2:42, 46, 47). &#160; &#160;         Hace casi [&#8230;]</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote>
<h4 style="text-align: justify;"><em>“Perseveraban en la doctrina de los apóstoles… perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón… y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hch. 2:42, 46, 47).</em></h4>
</blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;">        Hace casi dos siglos que el pastor y evangelista Spurgeon dijo una de sus impactantes frases: <em>“Pronto llegará el tiempo en que en la iglesia, en lugar de pastores alimentando ovejas, habrá payasos entreteniendo cabras”</em><i>. </i>Aparentemente pudiera resultar excesiva. Algunos dicen que esta era una de las formas habituales en Spurgeon cuando cargaba contra lo que no eran de su gusto. Sin duda fue un hombre cuestionado en sus días.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6></h6>
<h6 style="text-align: justify;">Su énfasis sobre la predicación bíblica, su compromiso con la Palabra, su alejamiento de reformas no bíblicas para atraer gente a la iglesia, desataron contra él olas de crítica que le costaron el tener que dejar su propia denominación bautista. Pero, el tiempo, le está dando la razón.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;"></h6>
<h6 style="text-align: justify;">        Muchas iglesias están cayendo en lo que se ha dado en llamar el <i>iglecrecimiento</i>, que no es otra cosa que las técnicas de mercado aplicadas al crecimiento de la iglesia local. Este método, en ocasiones más extremo que en otras, ofrece al liderazgo de las iglesias, alternativas que permitan hacerlas más atractivas a la sociedad.</h6>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: justify;"></h6>
<h6 style="text-align: justify;">El culto debe ser modificado en formas que incorporen actividades sociales aceptables al mundo actual. La música vibrante y rítmica se usa para sustentar letras muchas veces poco bíblicas; el reiterativo repetir de frases en el canto para que se instalen en la mente de los congregantes; la danza establecida en base a textos aislados del Antiguo Testamento; el teatro que presenta de forma atractiva el mensaje bíblico, mucho más aceptable de este modo por la gente, que la exposición bíblica del pastor en la iglesia; el entretenimiento de los niños con juegos propios a su edad para hacerles encantador el tiempo en que los mayores están en la reunión, etc. etc. son elementos propios de las técnicas de <i>iglecrecimiento </i>actuales.</h6>
<h6></h6>
<h6 style="text-align: justify;">Lo importante para sectores del cristianismo de hoy es la dimensión numérica de la iglesia y no tanto su solidez bíblica.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;"></h6>
<h6 style="text-align: justify;">        La iglesia actualizada es aquella que tiene un gran programa dominical en el que la alabanza es la parte principal del culto, donde otras formas de expresión amena se suceden en la reunión de creyentes. Esto a costa de reducir el tiempo y la forma de la exposición bíblica.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;"></h6>
<h6 style="text-align: justify;">No cabe duda que en algunos, las técnicas de crecimiento, dan el resultado apetecido y los líderes se sienten orgullosos al tener que poner un servicio de orden para canalizar hacia el templo los cientos de personas que asisten al servicio del domingo. Sin embargo, eso no deja de ser una <i>mera apariencia</i> de espiritualidad. El mensaje bíblico de muchas de esas iglesias es simplemente una machacona afirmación humanista del <i>tu puedes</i>.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">La exposición sistemática de la Palabra no existe. Muchas predicaciones –si se pueden llamar así- apenas citan un solo texto de la Escritura, para que el predicador trate temas <i>sociales</i>, y <i>actuales</i>, bajo una óptica humanista no siempre generosa sino interesada en los recursos materiales que una gran congregación puede proveer. Algunas veces el montaje dominical alcanza extremismos que no sólo no son bíblicos sino que son <i>anti-bíblicos</i>. El púlpito se llena de predicadores que se consideran y se hacen llamar <i>apóstoles</i>.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">Acompañando a esto hay decenas de testimonios personales de <i>milagros</i> que nunca lo han sido, pero que despiertan la admiración hacia el líder de turno. Algunos fieles entusiasmados se olvidan que los realmente enfermos, paralíticos, ciegos, sordos, etc. no son presentados ante el auditorio, sino que se retienen en algún departamento lejos de las miradas de la gente, para luego decirles que <i>no hay más milagros hoy</i>, o incluso que <i>no han tenido suficiente fe</i> para ser sanados.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">        La enseñanza de los <i>actualizadores</i> de la iglesia, incide necesariamente en la alabanza. Hace poco tiempo escuchaba a un <i>presentador</i> de un <i>culto</i> decir a la congregación: <i>Debemos alabar hoy como nunca, porque con eso ofrecemos a Dios un trono, ya que Él se asienta sobre un trono de alabanza</i>. Al convertirse la alabanza en <i>actividad</i>, dejando de ser <i>actitud</i>, es natural que sea la parte más representativa, importante y vital del culto. A Cristo se invita en la alabanza a que venga a <em>ocupar</em> <i> Su lugar</i>.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">Quiere decir que el culto es de la iglesia y que el Señor es el invitado a esa reunión. Según entiendo a la luz de la Biblia, es todo lo contrario. Nosotros somos invitados por Él a venir a su encuentro para oír su voz y responder con alabanza, fruto de labios que confiesan Su nombre <em>(He. 13:15).</em></h6>
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<h6 style="text-align: justify;">        La dinámica de <i>atractivo</i> cultual, lleva también a otros modos, como <i>poca luz </i>para la oración, si es posible en penumbra y con velas, rodeando las oraciones con música suave para generar una atmósfera de espiritualidad que es irreal. El Dios de la Biblia se definió a Sí mismo como <i>luz</i>. En la Palabra las tinieblas no son de Dios, sino del enemigo, pero, las técnicas de espiritualidad actual están desorientando la iglesia en esto y en otras muchas cosas.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">        ¿Acaso estoy en contra de la actualización del culto? ¿Quiero mantener las formas de antaño, cantar un determinado tipo de música excluyendo cualquier otra? ¿Me resisto a modificar tiempos, horarios, días de reunión, vestido? ¿Soy opuesto a un buen grupo musical en la iglesia? En modo alguno, he abogado y me he involucrado en el cambio necesario.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">No podemos continuar con sistemas trasnochados que espantan a los jóvenes, que se hacen insoportables para los niños, que cansan a los mayores y hacen dormir a los viejos. Quiero una iglesia renovada, jovial, dinámica, encantadora. Pero, sobre todo quiero una iglesia bíblica.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">        Ninguna iglesia creció jamás en la dimensión en que lo hizo la iglesia en tiempos de los apóstoles. De cuya referencia se tomaron los versículos del encabezado de este <i>pensando en alto</i>.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">El crecimiento de la iglesia descansa en bases totalmente opuestas a las propuestas del <i>iglecrecimiento </i>actual, es más son incluso totalmente contrarias y nadie de los involucrados en estos métodos se atrevería a usarlos y proponerlos como elementos para hacer crecer una congregación y consolidarla.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">        El primer elemento es la perseverancia en <i>la doctrina</i>. Los apóstoles y luego los maestros y pastores, enseñaban doctrina porque predicaban la Biblia. Las congregaciones no venían al lugar de reunión para ser <i>entretenidas</i>, sino para ser <em>enseñadas.</em></h6>
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<h6 style="text-align: justify;">Los cristianos no salían llenos de <i>experiencias</i>, sino de Palabra. Los hogares cambiaban, las familias se sustentaban, porque eran tocados no por las <i>emociones</i> tan en boga, sino por el Espíritu que aplicaba la Escritura. La iglesia cristiana no tenía que hacer malabarismos para cautivar la sociedad, sino que la sociedad les alababa y reconocía porque vivían conforme a la Escritura. Cristo era el centro de todo, los líderes eran meros servidores del Señor de la Iglesia.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">El Espíritu Santo conducía la obra y manifestaba Su poder como quería, cuando quería y en el tiempo que quería, sin la pretendida instrumentalización del que deshonesta e incluso impíamente se hace de Él por algunos líderes. Los creyentes entendían la soberanía de Dios, que se niega en el tiempo actual para sustituirla por el poder del hombre.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">        El segundo elemento era <i>la reunión eclesial</i>. Los creyentes acudían cada día para ser edificados. La reunión congregacional no es para experiencias sino para edificación. Una lectura desprejuiciada del Nuevo Testamento lo enseña claramente; baste un ejemplo: en la iglesia de los tiempos apostólicos, los pastores y los maestros ejercían sus dones <em>“para perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo (Ef. 4:12).</em></h6>
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<h6 style="text-align: justify;">Es por eso que el apóstol Pablo enseña que <em>“ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Ef. 4:29</em>). Las palabras corrompidas no son sólo aquellas con las que se expresa un hablar burdo, sino todas las que en el culto no proceden del impulso del Espíritu en conformidad con la Palabra.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">Debo afirmar que el <i>iglecrecimiento</i> hace énfasis en las reuniones eclesiales, pero no en la razón de esa reunión sino en intereses diferentes a las referencias bíblicas.</h6>
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<h6 style="text-align: justify;">       Los creyentes eran sostenidos en sus pruebas, persecuciones, aflicciones, desprecios e incluso muerte, por la gracia poderosa de Dios y por la Palabra. De otro modo, los cristianos se ajustaban a la Biblia y Dios bendecía a los cristianos. Miremos el verdadero <i>iglecrecimiento</i>, conforme a Hechos: <em>“Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”.</em></h6>
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<h6 style="text-align: justify;">¡Pobrecitos, dicen algunos, crecían pero no mucho! ¿No mucho? <em>“Y se añadieron aquel día como tres mil personas”… “pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil”… “y la multitud de los que habían creído, era de un corazón y de un alma” (Hch. 2:41; 4:4, 32).</em></h6>
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<h5 style="text-align: justify;">         <em> <b>Solo hay una alternativa: seguir la técnica del iglecrecimiento  o la Biblia,  de otro modo, obedecer a los hombres o</b> <b>a Dios.</b></em></h5>
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<h5 style="text-align: right;"><em>Samuel Perez Millos</em></h5>
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