Mi respuesta frente a su venida

 

 

Aquí hay cuatro textos, y cada uno dicho por nuestro Señor Jesucristo refiriéndose a Su segunda venida, que deben producir en nosotros una reacción como una respuesta personal a Sus palabras.

 

1.  La Respuesta De Mis Pies: En Mateo 25:6 el Señor Jesús dijo: «¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!» ¿Hago yo esto? ¿Salgo a recibirle? Esto tiene que ver con mi caminar, que debe ser un caminar espiritual.  Pablo lo describe: «Y andad en amor, como también Cristo nos amó» (Ef. 5:2). «Andad como hijos de luz» (Ef. 5:8). «Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios» (Ef. 5:15). «Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra» (Col.1:10). Esto es como debemos andar, nosotros los que salimos de este mundo para recibir al Señor Jesucristo.

2.  La Respuesta De Mis Ojos: En Marcos 13:35-37 el Señor Jesús dijo: «Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa… y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad«. La expresión «velad» habla de nuestros ojos espirituales, «los ojos de vuestro entendimiento» (Ef. 1:18). Es así, en nuestros pensamientos y en nuestro espíritu que debemos estar mirando y anticipando Su venida.  Hebreos 12:2 dice: «puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe»«Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo» (Tit. 2:13). Es una mirada dirigida al cielo, «de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo» (Fil. 3:20). Nuestra actitud y nuestro enfoque en la vida debe mostrar que como los tesalonicenses hemos sido convertidos para «esperar de los cielos a su Hijo» (1 Ts. 1:10). Hermano, hermana, ¿estás mirando al cielo con anticipación?

3. La Respuesta De Mis Manos: En Lucas 19:13 el Señor Jesús dijo: «Negociad entre tanto que vengo». Esto es nuestro trabajo hasta que Él venga, lo que hacemos con nuestras manos. Él espera que yo esté sirviéndole, teniendo mis manos ocupadas en servicio de devoción a Cristo. «Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas» (Ecl. 9:10). En Levítico 8, la palabra«consagrar» significa literalmente «llenar las manos», y así habla de servicio consagrado. «Porque a Cristo el Señor servís» (Col. 3:24).  Somos salvados«para que sirváis al Dios vivo» (He. 9:14). El Señor viene para evaluar nuestro servicio (2 Co. 5:10; 1 Co. 3:9-15). ¿Cuál será Su análisis de lo que yo he hecho y de lo que no he hecho, y cuál será mi recompensa? (1 Co.  9:17-18). Hermanos, ¡sirvamos al Señor para Su gloria!

4.  La Respuesta De Mi Corazón: En Juan 14:3 el Señor Jesús dijo: «vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis». Esto habla a mi corazón, porque Él me dice que quiere que esté con Él en la casa del Padre, y que vendrá y me tomará a sí mismo.  Si en Su gran corazón de amor el Salvador me quiere allí con Él, ciertamente mi corazón ha de responder: «Amén; sí, ven, Señor Jesús» (Ap. 22:20).  Él no se dará por satisfecho hasta que me vea allí (Is. 53:11).  Yo tampoco estaré satisfecho hasta que llegue a Su presencia  (Sal. 17:15). Mis pies, ojos y manos pueden estar cansados en este peregrinaje, pero hermano, mi corazón dice: «VEN, SEÑOR JESÚS».  Como aquella sulamita, mi corazón dice al Señor: «Mi amado es mío, y yo suya…Vuélvete, amado mío» (Cnt. 2:16-17). «Apresúrate, amado mío» (Cnt. 8:14).

 

 

John W. Bramhall (1899-2001)
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