Serie : Los Milagros “El leproso es limpiado”

La colección de lecciones bíblicas para maestros en español está dividida en 12 Series, cada cual con doce o más lecciones. Aproximadamente 180 temas son tratados en estas guías para enseñar la Biblia.
Los hermanos que han producido este material han servido como misioneros en Chile, América del Sur. Parte de sus actividades evangelísticas incluían la enseñanza de las Escrituras a niños y jóvenes.
Se usa el franelógrafo y otros recursos para hacer que las historias bíblicas sean interesantes, entendibles, y aplicables a los niños. Don Guillermo McBride y su mujer Señora Doris McBride, ambos ya en la presencia del Señor, prepararon lecciones en español para ser usadas por los maestros en los años 60. Durante años, las lecciones han sido revisadas y expandidas.
Ahora por la maravilla del Internet, usted tiene la oportunidad de acceder al resultado de sus esfuerzos.
Halle usted provecho en las guías , también  una herramienta valiosa para alcanzar a los niños y jóvenes de hoy para la gloria de Cristo.
 

Primeramente, desarrollaremos Serie 6: Milagros

El leproso es limpiado

 

 

 

Estudio de parte del maestro: Lucas 5.12 al 15;
Lectura con la clase: Lucas 5.12 al 15
Texto para aprender de memoria— los menores: Isaías 1.18,

 

Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos;
los mayores: Isaías 1.18

 

Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana
 
 

Introducción

En la última lección, presenciamos el primer milagro de Jesús. Por él suplió la falta que hubo en las bodas, y manifestó que Él era el verda­dero Mesías enviado de parte de Dios. Hoy nos corresponde ver la sim­patía de Jesús y el poder suyo sobre una de las enfermedades más terri­bles y asquerosas que el hombre haya conocido.
 
 

La lepra se declara

Supongamos un poco de lo que puede haber sucedido en la vida del hom­bre de quien acabamos de leer. Hace algunos años él vivía muy contento con su esposa y familia. Pero un día, al bañarse después de su trabajo, se fijó en una mancha blanca, digamos en su brazo. Después la mostró a su esposa, pero como parecía ser cosa de poca importancia, no se preocuparon mayormente de ella. Después de algunos días el hombre vio que la mancha estaba un poco más grande. Para cumplir con la ley judaica, fue donde el sacerdote, a fin de que éste le examinara. Todavía creía tener un simple divieso, pero al contemplar la cara del sacerdote, sin­tió miedo. Estaba muy serio, y al hablar, le dijo con tristeza, “Esto es grave, hijo mío, no queda duda; tú tienes lepra”. Fue la noticia más terrible para el pobre hombre, pues comprendió al instante que ahora tendría que decir “adiós” a sus seres amados y abandonar su pueblo.
 
 

La miserable existencia del leproso

Al poco rato apareció en la puerta de la ciudad un pequeño grupo de personas angustiadas, quienes, llorando, miraban hacia un hombre que se alejaba de ellos. Era el leproso quien desde aquel día en adelante no podría acercarse a otro ser humano a causa de su enfermedad. En caso que otra persona sana se allegara a él, debería advertirle del peligro, gritando: “Inmundo, inmundo”. Algunas veces se encontraba en compañía de otros infelices quienes padecían de la misma enfermedad, otras veces completamente solo. Siempre andaba con sus vestidos rasgados, la ca­beza descubierta, el labio superior tapado, reflejándose en su cara el dolor y la desesperación que henchían su alma.
Los días pasaban sin esperanza; las noches le eran interminables. Alrededor de él algunos morían mientras que en su propio cuerpo la lepra seguía su marcha lenta pero segura. ¡Cuánto no quería ser sanado para poder reunirse con su esposa y sus hijos; ¡cada memoria de ellos le causaba hondo dolor, mayormente al recordar que para la lepra no había remedio!
El pobre enfermo, sumido en la miseria, no abrigaba esperanza en su pecho. Sin embargo, un día llegó hasta él la noticia que un hombre lla­mado Jesús estaba haciendo maravillas, sanando enfermos y echando fuera demonios. Esta noticia le hizo preguntarse, “¿Acaso es posible que a mí también me sane, este varón?” El resultado fue, como ya he­mos visto por la lectura de hoy, que el leproso buscó a Jesús. Al hallar­lo, se postró a sus pies, y le rogó, diciendo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Nos conmueve contemplar al hombre a quien nadie puede ayudar, pues aun cuando sabe que Jesús todo lo puede, piensa que tal vez no querrá limpiarlo. ¡Cuán consoladora es la respuesta del Salva­dor! pues extendiendo la mano le toca, diciendo: “Quiero; sé limpio”, quitando de inmediato la enfermedad.
 
 

Aplicación

Las distintas enfermedades tipifican el pecado en sus diferentes aspec­tos. La lepra, por lo menos en su estado avanzado, no podía ser sanada por el hombre. Además, es una enfermedad llamada siempre inmunda, de modo que Dios no habla de sanar, sino de limpiar a los leprosos. Tocante a esto, véase Isaías 64:6. Tal como el leproso se encontraba sin medios para limpiarse, de la misma manera, no podemos salvarnos, sino que te­nemos que acudir con fe sencilla al mismo Salvador. Nos fijamos en el hecho de que Jesús, a fin de limpiar al leproso, extendió su mano y le tocó, hablando además palabras calculadas para confortarle. En igual forma, para hacer extensiva hasta nosotros la salvación que nos hacía falta, Jesús en la cruz extendió sus brazos. Sufrió allí por nosotros y vertió su sangre para quitar nuestros pecados. Ahora por su Palabra, la Biblia, habla palabras de perdón a todo aquel que acude a Él.
Jesús, habiendo limpiado al leproso, le envió en calidad de testigo al sacerdote para cumplir con la ley de Moisés. (Pueden leerse las ins­trucciones en Levítico 14:2 al 8). Este fue el primer leproso limpiado entre los judíos (según nos cuenta la Escritura) desde que Dios dio las instrucciones del Levítico 13 y 14, casi 1500 años antes. La pre­sencia de un leproso limpiado ante el sacerdote con dos avecillas en sus manos testificaría que Dios había venido a su pueblo.
 
 

Preguntas

  1. ¿Cuál era la enfermedad que tuvo el hombre?
  2. Después de consultar con el sacerdote, ¿dónde tenía que vivir el leproso?
  3. ¿Quién lo limpió? ¿cómo lo hizo?
  4. ¿En qué sentido es la lepra semejante al pecado?
  5. Con una palabra Jesús limpió al leproso, pero ¿con qué nos limpia a nosotros de nuestros pecados? ¿qué es lo que Él está haciendo para asegurarnos de la salvación?
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Figuras para clase con niños

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Otra opción

 

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