
“León es león, por lindo que sea el cachorro�.
Cierto domador de fieras de apellido Becwith tenÃa su propio parque zoológico y criaba fieras en cautiverio. Se le ocurrió ver cómo podÃa criar leones mansos y para este fin usó un nuevo método de alimentación para un par de cachorros. La leche de vaca, y nada de carne en su dieta, parecÃa dar buenos resultados.
Pero él contó:
Mi primera desilusión fue cuando los cachorros tenÃan unos diez meses. Mi esposa me llamó con urgencia y, al llegar a la ventana, vi a nuestro burro a una distancia de quince metros comiendo paja.
Arrastrándose silenciosamente hacia él estaba uno de los cachorros que habÃamos criado cariñosamente con biberón.
Con una facilidad como si fuera costumbre en él, brincó encima del burro, agarró con una pata la crin, extendió la otra hacia el hocico del burro y entonces lo haló hacia atrás. En seguida el burro cayó a tierra y el cachorro, con sus colmillos pelados, no perdió tiempo en buscar la vena. En fin, era sangre lo que querÃa.
Aquel cachorro habÃa recibido un cuidado especial, fue criado con técnica por un profesional, vivÃa protegido y nunca le faltaba comida. No obstante, se mostró tan feroz como cualquier cachorro de la selva. Por nacimiento tenÃa la naturaleza de león y ninguna crianza, ninguna dieta y ninguna comodidad de parque zoológico iba a cambiarla. “En fin, era sangre lo que querÃaâ€�.
Usted y yo tenemos también nuestra naturaleza propia. “El corazón es engañoso más que todas las cosas, y perversoâ€�, JeremÃas 17:9. Por esto dijo Cristo a Nicodemo: “De cierto, de cierto os digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Diosâ€�, Juan 3:3. Nicodemo se sorprendió y no pudo entender cómo un hombre maduro podÃa volver a nacer.
El Señor le explicó que lo que es nacido de la carne, carne es. Es necesario un nuevo nacimiento, uno espiritual, para entrar en el reino de Dios. “Lo que es nacido del EspÃrituâ€�, dijo, “espÃritu esâ€�. Es el EspÃritu Santo de Dios que obra en uno para que nazca de nuevo, para que sea nueva creación en la estima de Dios.
Es una ley fundamental, tanto en lo natural como en lo espiritual, que lo superior no puede evolucionar de lo inferior. El vegetal es materia y nada más; nunca puede producir ánimo. El animal es a la vez materia y ánimo; no puede producirse de vegetal, ni producir espÃritu. Sin embargo, el hombre es materia, ánimo y espÃritu, y no se desarrolló de lo animal.
Por tanto, si el hombre pecador —como somos usted y yo— va a “verâ€� o “entrarâ€� en el reino de Dios, tiene que nacer otra vez, o nacer de arriba. Esto puede hacerlo sólo el EspÃritu Santo.
El profeta JeremÃas pregunta retóricamente: “¿Mudará el etÃope su piel, y el leopardo sus manchas? Asà también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?â€� Tal como aquel lindo cachorro de león querÃa sangre, usted y yo no podemos erradicar la naturaleza que recibimos de nuestros padres. ¡Pero podemos recibir una nueva!
Podemos ser “participantes de la naturaleza divinaâ€�, 2 Pedro 1.4, y ser hechos nueva creación en Cristo Jesús, 2 Corintios 5.17. Esto es lo que hace el EspÃritu Santo con todo aquel que por sincera, sencilla fe recibe a Jesús como Salvador. En el Calvario, Él dio su vida terrenal para dar la vida espiritual al que cree en Él.
 S. J. Saword